Trump vs Ciencia: Cinco malas señales para el futuro de la investigación

¿Hasta qué punto, la ignorancia de un dirigente puede afectar el desarrollo de la investigación en un país? En México no tenemos que especular tanto al respecto, ya que hemos visto como históricamente la Ciencia ha sido relegada como campo del desarrollo nacional, llegando a extremos de deterioro con la administración de Enrique Peña Nieto… ¿Pero qué pasará cuando Donald Trump dirija el rumbo de la investigación científica en el país más poderoso del mundo? ¿Cuáles serán los efectos globales de su ignorancia en tópicos científicos como el Cambio Climático?

Para darnos una idea de la gravedad del problema, basta señalar que los científicos están haciendo respaldos de los datos sobre las temperaturas mundiales, en caso de que el presidente electo Donald Trump intente borrar los sitios web del gobierno o bloquear el acceso público a ellos. Antes de la inauguración de Trump, el Departamento de Energía de los Estados Unidos (DoE, por sus siglas en inglés) ha publicado directrices más estrictas para proteger a los científicos de la interferencia del gobierno, y para muchos parece que dicha salvaguarda no podría haber llegado en mejor momento.

Estamos entrando a lo que muchos llaman la presidencia post-datos (post-fact) de Trump. Los estudios y las pruebas no parecen influir en él, pero el cambio climático sigue siendo una terca espina a su lado. Aparentemente decidido a presentar conclusiones científicas como si fuesen un sesgo liberal, incluso declarando que el cambio climático es una conspiración china, ha designado a quienes no creen en las ciencias climáticas para ocupar roles destinados a proteger el medio ambiente. Ha consultado a un activista anti-vacunas sobre la seguridad de las mismas, y ha alarmado a la comunidad científica al tratar de señalar individualmente a expertos en el cambio climático. Estas son cinco de las principales jugadas que muchos ven como hostiles hacia la ciencia –y como indicadores alarmantes del mundo que la comunidad científica podría enfrentar después del 20 de enero–:

La selección de Trump para liderar la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) de Estados Unidos: Para dirigir la EPA, Trump nombró a Scott Pruitt, el fiscal general de Oklahoma, quien durante mucho tiempo se ha opuesto a las regulaciones ambientales y ha cuestionado la ciencia detrás del cambio climático. Su perfil de LinkedIn desacredita la “agenda de los activistas” de la EPA y está en proceso de demandar a la agencia –por 13ª vez–. Esta vez va detrás de la política medioambiental del Presidente Barack Obama, el Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan), cuyo objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la producción de electricidad.

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Eligió al exgobernador de Texas Rick Perry para ser el Secretario de Energía: El DoE diseña y mantiene las armas en el arsenal nuclear estadounidense y trabaja para asegurar que no caigan en manos enemigas. El secretario de energía de salida, Ernest Moniz, es un físico del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), que reemplazó a un físico de la Universidad de Stanford, quien fue designado por Obama para relevar a un ingeniero químico del MIT. Es un departamento basado en ciencia seria y el cual Perry, que no es un científico, abogó por desmantelar durante su precandidatura presidencial de 2012. Aunque Perry amplió enormemente la energía eólica en Texas durante su gobierno, es un escéptico del cambio climático.

Un ejecutivo de una compañía de energía como secretario de Estado: Trump designó al exdirector ejecutivo de ExxonMobil, Rex Tillerson, en el cargo de secretario de Estado. Tillerson se destaca de otros nominados del gabinete porque reconoce que el cambio climático es un problema. Exxon, sin embargo, ha sido acusado de ocultar la investigación sobre el cambio climático a sus accionistas durante años. Tillerson lo niega.

Se reunió con un crítico de vacunas mientras planeaba una comisión sobre el autismo: Robert Kennedy, Jr., dijo que Trump le pidió que presidiera un panel de seguridad de vacunación. El equipo de Trump lo corrigió, diciendo que están considerando la posibilidad de formar una comisión sobre el autismo, pero que no han tomado las decisiones finales al respecto. Kennedy ha promovido repetidamente argumentos desacreditados que vinculan las vacunas con el autismo. Trump mismo ha tuiteado que hay “muchos casos” de niños que se convierten en autistas después de recibir las vacunas.

Su equipo de transición buscó información sobre el personal del Departamento de Energía asociado con el cambio climático: En diciembre, el equipo de Trump preguntó al DoE por los nombres de los empleados que han trabajado en temas relacionados con el cambio climático. El departamento se negó y el equipo retrocedió.

Sin embargo, también podemos vislumbrar una explosión de proyectos de investigación autónomos. La embestida que cabe esperar de Trump a las estructuras de la Ciencia tradicional, podría generar una efervescencia en los movimientos de ciencia ciudadana, que en los E.U.A. tienen una larga historia de desarrollo independiente. Si bien dichos movimientos están mayoritariamente ocultos y ocupan pocos espacios mediáticos, están creando respuestas interesantes a problemas locales muy específicos; como los relacionados con la alimentación, medios de comunicación autónomos, monitoreos ambientales, ecotecnias y miles aplicaciones más.

Fuente: scientificamerican.com / Andrea Marks | Comentarios del Proyecto Alterius. 

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