Los textos periodísticos de Efraín Huerta: la subversiva forma de mentar, bendecir y desdecir  

En 2014, durante las celebraciones por el centenario de los tres ya clásicos escritores mexicanos Octavio Paz (1914-1998), Efraín Huerta (1914-1982) y José Revueltas (1914-1976), se abrió paso a decenas de discusiones sobre el valor y la vigencia de sus obras creativas, de su militancia y postura ideológica, así como las aportaciones de su prosa crítica. Este último tema capturó particularmente mi curiosidad, en la medida de que la prosa de Huerta en comparación con la de sus pares, en ese momento, era prácticamente inconseguible. Son rarezas bibliográficas los tres libros recopilatorios de ensayos, conferencias y prólogos que publicó en los últimos años de su vida, uno de ellos de manera póstuma: Textos profanos (UNAM, Cuadernos de humanidades 11, 1978), Prólogos (UNAM, Cuadernos de humanidades 19, 1981), Aquellas conferencias, aquellas charlas (UNAM, Cuadernos de humanidades 35, 1983). Ni hablar de los 50 ejemplares de las 101 crónicas que recopiló Maribel Torre, Maribel de la Fuente, Gustavo Jiménez y Guillermo Sheridan en Aurora roja. Crónicas juveniles en tiempos de Lázaro Cárdenas (1936-1939) (UNAM-CELL, Pecata Minuta, 2006) o de los dos tomos, de circulación local de sus artículos de cine, en la obra Close-up (La Rana-Universidad de Guanajuato, 2010).

Era evidente, aún con la existencia de estos títulos, de la gran deuda con la obra crítica de Efraín, la que consiste en lograr una circulación amplia de sus textos periodísticos. Una enorme falta, ya que, a todas luces, Huerta fue el periodista por antonomasia en esta tercia de autores. Si la libresca, sesuda y solemne prosa crítica de Paz siempre era concebida desde la conciencia de la búsqueda de posteridad y de erudición, y la de Revueltas se forja en la urgencia de reflexión social, de crítica al sistema político mexicano, de autocrítica al dogmatismo del PC y de ajuste ideológico, la obra crítica de Huerta surge, en su mayoría, en el plano de la inmediatez que exige el periodismo, en donde se reflejan sus temas principales: el cine, la literatura, la política, la ciudad —entendida como un constante descubrimiento, calle por calle, en los tranvías, en su arquitectura, en su historia, en sus habitantes y sobre todo en sus féminas—. No obstante la inmediatez con que eran escritos estos textos, hay un rigor crítico, hay un sustento argumentativo, que decididamente lo colocaba entre las voces más influyentes de la cultura mexicana.  

Raquel Huerta-Nava, hija de Efraín y de la poeta Thelma Nava, ha emprendido una monumental y acuciosa labor de investigación, clasificación y compilación del trabajo periodístico de su padre que ha derivado, a la fecha, en tres títulos: Efraín Huerta en el Gallo Ilustrado. Antología de libros y antilibros (1975-1982) (Joaquín Mortiz, 2014), Cine y anticine: las cuarenta y nueve entregas (UNAM-CUEC, 2014) y Palabra frente al cielo. Ensayos periodísticos (1936-1940) (UNAM, Textos de Difusión Cultural, 2015). De estos libros se desprende una lucidez no impostada, no maquillada, sino demoledoramente natural, con el mentar y la maledicencia del “barrio”, con la crítica y autocrítica de un militante comunista, que practicó y se desprendió de los dogmas, y que no vive de golpes de pecho, sino asume con un endemoniado y viperino humor negro lo que dijo e hizo en su momento.

En el caso de Efraín Huerta en el Gallo Ilustrado. Antología de libros y antilibros (1975-1982) se trata de una antología de los artículos y reseñas que Efraín escribió en su columna “Libros y antilibros” del suplemento El Gallo Ilustrado del periódico El Día. Inició dicha columna el 31 de agosto de 1975 y la concluyó el 24 de enero de 1982 (10 días después falleció). “Libros y antilibros”, en efecto, deambula en el mundo editorial, entre libros, no sólo de poesía, pero no se queda en el escueto cosmos de la reseña, sino que crea un propio estilo, muy cercano a la crónica, en donde los libros a comentar son también pretextos para evocar la ciudad, ciertos recuerdos, intimidades, chismes del mundillo literario. El estilo es absolutamente festivo, pero no por ello menos puntilloso o reflexivo. En esta columna, Huerta deja salir sus misiles más precisos, aderezados con un sedicioso humor negro inigualable y un vocabulario donde los neologismos se convierten en un regocijante potro de aliteraciones indómitas. En estos artículos Efraín es dueño de un estilo prosístico estrechamente cercano:

No historia, que es grave, ni historietita, que es muy poco serio. Nada más una breve historia: una historita. José (Pepe) Gorostiza era un hombre silencioso y misterioso, incapaz de exhibirse en aquellos antros llamados, Café París (calle de Gante) o Cervecería Munich, al lado del café. Entrambos estaba el localito del barbado caballero de Los Dos Búhos. No; Pepe Gorostiza prefería los arbolados rumbos del Paseo de la Reforma. No muy arriba, sino cerquita del piafar del Caballito (al pobre no lo dejan pasar los tranvías, decía Salvador Novo, que tampoco iba por allí). Pues hasta esos lugares íbamos a buscarlo, dos años antes de que don Rafael Loera y Chávez editara Muerte sin fin. O sea que el poema apenas se estaba gestando y la gestación fue endiabladamente nocturna, cual corresponde a un caballero de buenos gustos pero de mucha discreción. El sitio donde José Gorostiza prefería meditar era ancho y levemente ruidoso, pero no tanto como su vecino de enfrente. Montparnasse, se llamaba; su vecino de enfrente era el Waikiki.     

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En el caso del libro Cine y anticine: las cuarenta y nueve entregas se trata de 49 artículos que Efraín escribió para su columna “Cine y anticine” que se publicaron en el diario D.F.: La ciudad al pie de la letra, escritas a partir del 17 de septiembre de 1950 y hasta el 22 de julio de 1951; Huerta deja su columna para dedicarse a sus responsabilidades como Secretario General del Movimiento Nacional de Partidarios de la Paz. Efraín Huerta fue un apasionado del cine, y muy pronto (se sabe que a partir de 1937) empezó a escribir reseña y crítica cinematográfica, asimismo se organizó junto a un grupo de periodistas para conformar el PECIME (Periodistas Cinematográficos de México), del cual fue Presidente. Los artículos de cine de Huerta son muy estrictos sobre el cine realizado en nuestro país, también emprendía feroces comentarios contra productores y guionistas que ponderaban la ganancia económica en detrimento de la calidad de los filmes: «No está en tipo» es un suave eufemismo que los productores suelen utilizar para decir que alguien no es taquillero. Decir que una actriz no está en tipo equivale muchas veces a decir que no tiene nombre como si para hacer cine se necesitara, al par que la fama universal, la experiencia de una Dolores del Río. No obstante, al ver Los olvidados de Luis Buñuel, no escatima en elogios ni en el decidido apoyo para evitar la censura que se había cernido sobre este filme: Los olvidados fue exhibida anoche en la turística ciudad costeña [Cannes]. Pelea contra cuatro fantásticas películas italianas, contra películas japonesas, polacas, francesas, norteamericanas y, cosa que asusta, contra Los cuentos de Hoffman, un film inglés de altísima categoría. (Insisto en que me gustaría el triunfo de Los olvidados. Aparte de todo, sería un golpe en seco contra la estúpida xenofobia tan peligrosamente latente en ciertos círculos artísticos de nuestro país.)

El más nutrido título de los tres que analizamos en esta ocasión es Palabra frente al cielo. Ensayos periodísticos (1936-1940), que comprende los artículos periodísticos que realizó para el periódico El Nacional y Diario del Sureste, desde 1936 a 1940, es decir un Efraín muy joven, desde los 22 a los 26 años. El volumen clasifica por tema los artículos, lo que permite una lectura fluida sobre los tópicos que obsesionaban al autor (literatura, cine, política). Lo primero que salta a la vista es el apasionamiento con que Huerta discute los temas, en esta época todo tiene que ver con política y sobre todo con el espíritu antifascista, hay que recordar que es el momento de la Guerra Civil Española y previo a la Segunda Guerra Mundial. De tal forma, se ve un joven cocodrilo acusando a los viejos miembros de los Contemporáneos, sobre todo a Villaurrutia y a Novo, por no manifestarse en contra del fascismo, y de hecho no manifestarse en lo absoluto sobre política. Asimismo entra discusiones ideológicas con Rubén Salazar Mallén y Alberto Quintero Álvarez. Saluda con gran entusiasmo la campaña de alfabetización (y organización política) que José Revueltas realiza en Yucatán, así también la que realiza Octavio Paz, se sobreentiende que por mandato del Partido Comunista, aquí habrá que reflexionar hasta qué punto, la defendida idea de que Paz nunca militó en el PC es verdadera, todos los que iban a la zona henequenera con una misión de alfabetización, tenían un segundo encargo, el de la organización política. El mismo Huerta, antes que Revueltas y Paz había estado en Yucatán haciendo esta labor. En los tiempos de definición política y expresión franca sobre los temas políticos y sociales del país y el mundo, Huerta estaba en primera fila con una dureza y honestidad a toda prueba: Para ser poetas revolucionarios no es obligatorio escribir cada semana una oda al Partido Comunista, como piensa —si eso es pensar— José Gorostiza. Los revolucionarios no engañamos, nunca simulamos. Atacamos de frente.

Con la paulatina publicación de los textos periodísticos de Efraín Huerta, se ha abierto de par en par una faceta reflexiva importantísima para la historia de nuestro país. Huerta ha demostrado con estos tres títulos que estaba en primera fila en los debates y la reflexión literaria, cinematográfica y política de nuestro país, desde una perspectiva fuertemente puntillosa y festiva, sin dejar de lado la anécdota y el humor. En este ámbito también dialoga perfectamente con sus pares Octavio Paz y José Revueltas.  


SOBRE EL AUTOR

Iván Cruz Osorio (Tlaxiaco, Oaxaca, México, 1980). Poeta, editor, crítico literario y gestor cultural. Es Licenciado en Lengua y Literaturas Modernas Inglesas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente es codirector y editor de Malpaís ediciones. Fundó y co-organizó Vértigo de los aires. Encuentro Iberoamericano de Poetas en la Ciudad de México (De 2007 a 2011). Es autor de los poemarios Tiempo de Guernica (Editorial Praxis, 2005), Contracanto (Malpaís, 2010) y Dogma (de próxima aparición). Poemas suyos aparecen en diversas antologías nacionales e internacionales como Cajita de música. Poetas de España y América del siglo XXI (Madrid: AEP, 2011); Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982 (UNAM/UANL, col. Poemas y ensayos, 2012); Cartografía de la literatura oaxaqueña actual II (Editorial Almadía, 2012); Resistencia en la tierra. Antología de poesía social y política de nuevos poetas de España y América (Editorial Ocean Sur, 2014) y Antología General de la Poesía Mexicana. Poesía del México actual de la segunda mitad del siglo XX a nuestros días (Editorial Océano, 2014).

Compiló y prologó el volumen Lumbre en el almaje. Muestra de poesía mexicana (1970-1985) (Guatemala: Editorial Catafixia, 2012). Fue becario del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes durante el periodo 2009-2010, en el área de poesía.
                       

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