Política en 3D

Los cambios que han caracterizado a la sociedad en los últimos cinco años han sido tan rápidos que han puesto en crisis ideas que se habían consolidado a lo largo de los siglos. La elección de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha significado para muchos el triunfo de la así llamada antipolítica y del populismo. Los intelectuales que hacen uso de estas definiciones muestran en sus argumentaciones tintes de preocupación y miedo. Pero veamos: ¿es cierto que la política está enferma?

A título personal, estoy convencido de exactamente lo contrario: la política goza de óptima salud. Para validar esta hipótesis hagan un primer ejercicio: abran su propio facebook en la sección de noticias. Encontrarán muchos de sus conocidos hablando de política y no necesariamente serán alcaldes, diputados, senadores. Cada vez es más común leer las opiniones de las personas que nos rodean en la vida cotidiana: nuestros papás, tíos, el vecino, el compañero del fútbol o la señora de la tienda de abarrotes. Cada vez más personas se interesan y quieren aportar con una opinión, un señalamiento, una queja.

La otra gran cuestión es si lo que está en crisis hoy sea la idea de representación. Esta se sustenta en una afirmación que se escucha de manera muy frecuente: “Los partidos no nos representan”. Para dar respuesta a esta pregunta hay que hacer un análisis más profundo. Por mucho tiempo, la visión prevalente ha sido la “prohibición del mandato imperativo”. Quién cubre un cargo público, dicen casi todas las constituciones democráticas, es llamado a hacer los intereses de la nación; es decir de todos, no solo aquellos electores que votaron por él o ella. Esta ambigüedad lógica, aunque justificable desde el punto de vista ético, es la que explica la falta de credibilidad que sufren hoy los partidos tradicionales.

Un ciudadano, sea quien sea, cuando vota busca a alguien que lo defienda en sus intereses particulares. Un político, una vez ganada la elección, puede usar el argumento del interés de la comunidad para justificar el incumplimiento de las promesas de campaña. ¡Cuántas veces en mi vida he escuchado candidatos prometer una reducción de los impuestos para luego decir “no pudimos porque las finanzas están muy mal y si bajamos los impuestos no se podían pagar los servicios sociales”! Pero esta experiencia deja al ciudadano un mal sabor y lo lleva a buscar otras alternativas.

Y hay algo más. Por mucho tiempo se ha considerado que el hombre político tuviera que ser mejor del representado, compartiendo las virtudes del pueblo, sin tener sus vicios. Y de ser posible el hombre público hubiera debido contar con un plus en término de conocimiento, inteligencia, visión a futuro. Hoy el conocimiento se difunde a través de internet y la idea de tiempo se ha transformado: todo se necesita para hoy (a veces para ayer). En este contexto también la figura del representante tiene que ser distinta.

El elector está más cerca del electo y tiene mejores herramientas para exigir el respecto de las promesas de campaña (no importa si estas sean a daño de los demás). Los políticos dejan de ser “mejores” y se convierten en el “espejo” de los representados. El buen político es quien estará enojado si sus electores están enojados, si cuenta chistes cuando ellos quieren reir, si habla sencillo cuando ellos piden respuestas fáciles de entender.

Trump, Podemos, Movimiento 5 Estrellas, han sabido interpretar esta evolución y llenar el vacío que habían creado los partidos tradicionales, crecidos con el mito de la representación de la nación. Guste o no lo que digan, estos nuevos actores han logrado acercar a la política a sectores de la población que marchaban hacia la apatía y el desinterés. En conclusión, no podemos decir que la representación esté en crisis. Lo que estamos viviendo es, más bien, una evolución hacia nuevas formas. Una política en 3D que deja atrás a quien nacido, crecido y formado en la época de la política bidimensional, no logra actualizarse.

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Andrea Bussoletti, doctor en ciencias históricas y sociales por al Unviersidad de Florencia, Italia, actualmente profesor de la Universidad de Guadalajara y de ITESO México


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