Los retos del feminismo: visibilizar, reflexionar y dignificar

¨Caminamos con un cuerpo y desde un cuerpo¨, es una frase que he escuchado en repetidas ocasiones. No dejo de tener presente que el cuerpo que habitamos nos determina en todos los sentidos, e incluso, de ahí parten algunas discusiones que se han dado sobre el feminismo, el género o la igualdad.

Para Foucault ¨(…) el cuerpo está también inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos”.1Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar. Argentina: Siglo XXI (p. 26). Desde el ámbito público hasta el privado, nuestro cuerpo se convierte también en una cuestión política, es un objeto político.

Lo que me hizo llegar al feminismo – entre otras cosas-, fue reconocer el cuerpo, comenzar a buscar respuestas para saber quiénes somos, cómo nos asumimos socialmente, cómo vivimos y sentimos nuestro cuerpo; cómo es tratado, cómo lo deseamos o cómo es deseado, cómo es regulado. No sólo encontré vislumbres para responder a las preguntas desde el feminismo, también decidí adoptarlo, apropiarlo, estudiarlo, cuestionarlo y vivirlo. Aprendí que lo ‘personal también es político’.

Conozco pocas mujeres que se asumen feministas, pero sí muchas que defienden los derechos de las mujeres sin ser feministas. Me he cuestionado si se puede ser una sin la otra. Sí, sí se puede, aunque creo que la fusión podría ser más enriquecedora. Existen muchos tipos de feminismos y formas de vivirlo, sin embargo, ninguno ha logrado conectar con ese conjunto de mujeres que se dicen no ser feministas, y que incluso, lo rechazan y señalan como algo negativo. No sólo eso, declararse feminista hoy en día desata toda una serie de acusaciones, cuestionamientos, señalamientos, burlas, ofensas, discusiones, o bromas. Entonces, ¿qué nos está haciendo falta a las feministas?, ¿qué estamos dejando de lado?, ¿desde dónde hay que partir?, ¿cómo continuar lo que la lucha feminista comenzó?

La realidad es que las feministas no hemos logrado conectar con el resto de las mujeres, pero tampoco con los hombres. La pregunta es entonces ¿cómo conectar algo que parece estar en distintos extremos? El reconocimiento del problema es el primer paso para poder resolverlo. Si el feminismo quiere incidir de manera permanente en la agenda pública y erradicar la violencia de género, no sólo se requiere de todas las mujeres, también se necesita de la colaboración de los hombres.

El primer reto sin duda es vencer esa polarización que existe sobre el concepto de feminismo. Hay una parte que nos corresponde a las mujeres. Debemos aprender a ser solidarias entre nosotras. Sumar esfuerzos y colaborar. Generar lazos de confianza, acompañarnos, ser aliadas. En el caso de los hombres es invitarlos a estar abiertos al diálogo pero sobre todo, que comiencen a reconocer su privilegio para que se puedan trazar nuevas masculinidades y así, se mitiguen los estereotipos de género. Podría haber más avances en la agenda si se sumaran los esfuerzos y se trabajaran de manera colaborativa las acciones.

Hace poco recordaba una experiencia al respecto. En conversaciones grupales de ‘chats’, a raíz de ser contundente en el tema, he notado que algunos miembros de dichos grupos se han limitado en sus comentarios, dejando de lado chistes o expresiones con contenido misógino. Incluso, han existido acercamientos para conversar sobre el tema. Probablemente no resuelva el problema de raíz y aún nos falta mucho camino por recorrer, sin embargo, lo que me parece valioso es que esos primeros acercamientos van generando empatía. Este es un comienzo: la educación es nuestra mejor herramienta para erradicar cualquier manifestación de violencia, pero en particular la que se da todos los días contra nosotras.

Es en este momento en el que se vuelve evidente nuestro segundo reto, el de crear y divulgar una pedagogía feminista. En este sentido, iniciativas como ‘Luchadoras’, o el trabajo de las (e)stereotipas y el feminismo pop, o el Manifiesto de #ConNosotras, invitan y motivan a la reflexión. Este último ejemplo, tiene como principal objetivo ¨emprender acciones para visibilizar y denunciar la ausencia de mujeres en espacios de decisión, participación y liderazgo, además de impulsar que las mujeres busquen ocupar estos espacios de manera más activa”. Todos y cada uno de estos esfuerzos es pedagogía, es visibilizar, es reflexionar, es aprender. Es construir aprendiendo entre todas y todos.

El tercer reto es dejar de victimizar para dignificar. Visibilizar es importante, pero también lo es recordar cuando fue nuestra primera resistencia: cuando dijimos que no, cuando salimos a las calles, cuando denunciamos. Se trata de reconocer que somos fuertes y no débiles, que somos personas, que no tenemos miedo, ni tendremos. Pasar de víctimas a mujeres capaces de defender y visibilizar también nuestro poder. Para eso necesitamos ocupar el espacio público.

Por ejemplo, las miles de historias que surgieron de #MiPrimerAcoso, además de visibilizar la magnitud del problema, reflejó que es una variable constante en la vida de todas y cada una de nosotras, desde niñas hasta adultas. Pero sobre todo, puso en evidencia el descuido que existe en un frente importante, el sector educativo, que nos ha dejado mucho a deber en estos temas. Si situaciones como el acoso persisten, es porque no hemos hecho algo bien o dejamos de hacer algo. Seguimos teniendo un vacío. No hemos aprendido la lección. Esa es la gran deuda del estado hacia nosotras.

No bastan las alertas de género, ni los múltiples esfuerzos de los institutos de la mujer. Seguimos sin ganar otras luchas, como la agenda de los derechos sexuales y reproductivos, o la desigualdad social que vivimos. Seguimos teniendo una perspectiva errónea del tema de género. No sólo se trata de nosotras, se trata de todas las personas. Avanzar en vencer la polarización que existe sobre el concepto de feminismo, crear y divulgar un pedagogía feminista, y pasar de la victimización a la dignificación, es una ruta que puede ayudar, no sólo a replantearnos y lograr un feminismo que sume diversidades de actores y escenarios tanto de la vida pública como privada; también para generar la empatía necesaria que el feminismo requiere para incidir y ocupar un lugar en la agenda pública.

Referencias   [ + ]

1. Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar. Argentina: Siglo XXI (p. 26).
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