Los libros del 2016

Hace pocos días terminó la FIL 2016 y, como muchos lectores tapatíos, mido varios ciclos de mi vida en torno a esos nueve días y miles de toneladas de páginas compactas que se nos presentan a nuestros ojos y manos para regodearnos en la gula literaria. Menciono este detalle porque el propósito de este texto es enumerar algunas de mis lecturas durante el último año. Y para mí, el año comenzó en la FIL 2015 y terminó con los libros adquiridos hace un par de domingos.

Es una lista, sí, pero una lista imperfecta porque no serán diez ni cien libros los referidos; una lista arbitraria y caprichosa porque algunos libros se publicaron en 2015, pero los leí durante este año, otros son reediciones y otros más son novedades calientitas del último semestre que fueron cayendo a mis manos por felices coincidencias.

Y es una lista tramposa porque el orden no refleja calificación, ni secuencia, ni temática, ni género, pero sí, quizás, mis intereses o afinidades a las que no puedo ni quiero renunciar, aunque es un gusto compartir con ustedes. Por último, quedan en mi buró varios libros aparecidos en 2016 que estarán entre mis próximas lecturas y seguramente me fascinarán, pero como apenas las he hojeado, prefiero no hablar de ellas.

El primer libro es Leviatán o la ballena, de Philip Hoare en editorial Ático de los Libros. Este libro es un ensayo largo, largo, ameno y encantador sobre la ballena. Philip Hoare nos conduce al vientre de la historia para conocer las ballenas prehistóricas, las ballenas de Herman Melville, las ballenas del Océano Atlántico o del Pacífico. Nos habla de ciencia y de religión en un mismo párrafo y al final resulta un viaje entrañable (literalmente) hacia el alma de las ballenas. El amor de Hoare por esta criatura dinosaúrica en la lectura nos contagia.

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El segundo es El libro de los viajes equivocados, de Clara Obligado en la editorial Páginas de Espuma. Diría que el libro podría llamarse también “el libro de los cuentos acertados”. Es algo que no alcanzo a definir por completo porque aún tengo cercana la lectura y hay libros que, como las buenas cervezas, tienen sedimentos que deben deambular en la inconsciencia durante algún tiempo antes de transmitir sus notas. El libro está compuesto por once cuentos de diversa proporción, pero con un hilo conductor invisible que de pronto nos revela personajes o paisajes recurrentes que al final componen una historia más amplia. La escritura es exquisita y arriesgada: viajes en el tiempo, viajes en la memoria o en la imaginación. Un deleite.

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La distancia que nos separa, de Renato Cisneros en editorial Seix Barral es el tercer libro. Es una novela de un poeta que es periodista. Y sí, es una novela de autoficción. Es la novela de la historia de su padre, un general peruano formado en Argentina, y de él mismo. De la idea de su padre que se rompe tras su muerte y cómo el protagonista emprende un viaje hacia sus orígenes, que es lo mismo que destino. Leemos la historia íntima de una familia poligámica al mismo tiempo que la historia nacional y sudamericana.

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En Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez en editorial Anagrama hay doce historias tan disímiles como un grupo de amigos que se reúnen después de varios años sin verse. Pero también son relatos como departamentos de un mismo condominio de terror. El paisaje urbano, la pobreza conviviendo con la opulencia, así como la sangre de la vida con la sangre de la muerte, son sensaciones que no nos abandonan luego de haber cerrado el libro.

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Pocas novelas logran mantener la tensión narrativa durante tantas páginas en las que los diálogos no son siquiera protagonistas como Nemo, de Gonzalo Hidalgo Bayal en editorial Tusquets. Si Juan Rulfo hubiera vivido en el Mediterráneo o en los Pirineos, Pedro Páramo sería pariente de Nemo, tal es el ambiente de introspección silencio imponente ante un extranjero de lenguaje muerto que llega a un pueblo y cambia para siempre su centro de gravedad. El lenguaje cronista y testimonial es utilizado con maestría de principio a fin por el autor.

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Para seguir con una novela de autoficción, les contaré de Milena Busquets (hija de la escritora y editora Esther Tusquets) en También esto pasará, de editorial Anagrama. En el libro, la protagonista, alter ego de Milena describe su viaje al pueblo veraniego de su infancia, tras la reciente muerte de su madre. El duelo, el recuerdo, la ofensa de una agonía y el descaro del abandono mortal se encuentran con la vitalidad de los niños, con la irreverencia del mar y el sol mediterráneos, de los amigos y los amores en una lectura absorbente, repleta de fatalidad y humor simultáneos.

Off the Road. Miedo, asco y esperanza en EE. UU., de Andy Robinson en editorial Ariel, como su título sugiere es un libro de caminos. Los intertextos de Miedo y asco en Las Vegas, de Hunther S. Thompson y On the Road, de Jack Kerouac, son evidentes, pero Robinson, periodista como Thompson amplía su territorio de exploración hacia unos Estados Unidos complejos y desiguales. Con escenarios desérticos o urbanos, hace un corte transversal de Estados Unidos y su gente que es de todo el mundo, sus políticas y sus vicios. Desde la historia de una hamburguesa hasta el desempleo, transita este libro.

Finalmente, recomendaré Qué vergüenza, de Paulina Flores en editorial Seix Barral. Es un libro de nueve cuentos en los que la niñez, la adolescencia, la pobreza, el sexo, el desempleo y las familias fragmentadas, es decir reales, cohabitan con el amor. Cada relato es más potente que el anterior en este libro, en el que refleja la obsesión de la autora por construir historias redondas y pertinaces que seguirán buscando explicaciones en nuestra cabeza al dar vuelta a la última página.

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En fin, cada año tendremos nuevas y mejores lecturas. Y aunque al paso del tiempo los lectores vayamos aprendiendo que la mejor nueva lectura es la de los clásicos (cada quién los suyos) o los libros medio antiguos e inadvertidos para las mesas de novedades, nunca está de más echar un vistazo a los libros de hoy.

 

Berenice Castillo, escritora y periodista

Tw/ @berenjenario

 

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