¿Por qué nos gusta tanto Game of Thrones?

Sabemos que Game of Thrones, la serie televisiva, es exitosa porque incluye lo que nos gusta, nos espanta, nos indigna, nos emociona y nos hace reír: intrigas, tetas, culos, política, brujas, sangre, espadas, incesto, bárbaros, conquistadores, dragones, sexo, zombies, caballeros, fanáticos religiosos, bisexuales, alcohólicos, fantasmas, gigantes, esclavos, un ñoño regordete y personajes imposiblemente bellos pero completamente verosímiles.

Pero además de tener todo esto, Game of Thrones tiene representaciones de cientos de cosas que ya conocemos y que ya nos han gustado antes. La serie es una galería de otras series y otros elementos de cultura popular y no tan popular con los que hemos crecido miles (¿millones?) de personas.

Game of Thrones es todas las películas de terror que has visto (en particular, las de zombies).

Hay brujas y hechiceros, fantasmas y demonios, caníbales y hasta naguales. Casi todos los habitantes de una casa del terror están representados de una u otra manera en Game of Thrones, y casi todos son enfrentados con la misma torpeza que en las películas de ese género. En cuanto a zombies: los hay de piedra, de hielo, humanos y animales y, de acuerdo a algunos fans que puedan o no tener razón, también habrá zombies-dragones de hielo.

Game of Thrones es Sex and the City (y cualquier serie con personajes femeninos bien definidos).

Si de comparar se trata, podríamos decir que Daenerys, Cersei, Sansa y Arya son nuestras Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda. Obviando las diferencias (las muchachas de Westeros han cruzado sus caminos pero no son amigas y Westeros obviamente no es Manhattan, etc.), cada una refleja una forma muy particular de enfrentar el mundo que cualquier mujer puede, aunque sea por momentos, ver con empatía, simpatía o aspiración. El desarrollo de cada uno de estos personajes se presta para que nos podamos identificar con ellas, para querer contestar un quiz de Buzzfeed en el que podamos decir si somos “una Khaleesi” o “una Arya”. Esto sin mencionar a los demás personajes femeninos que hemos visto pasar y morir.

Game of Thrones es el Blog del Narco.

Para países en los que la violencia se ha (re)normalizado, como el nuestro, Game of Thrones es una manera de ver sangre, justicia y venganza sin sentirse culpable o “sucio”. Es una catarsis de la violencia brutal que, si bien nos va, sólo vemos en grabaciones hechas por celulares. Es una forma de ver representada, sin consecuencias pero con bastante realismo, la brutalidad a la que ya nos estamos acostumbrando en la vida real.

Game of Thrones está lleno de referencias históricas (que conocemos a través de otras series, películas, juegos de video, etc).

Casi cada batalla presentada en Game of Thrones tiene un paralelo en la historia del mundo, referencias que muchos reconocemos por Age of Empires II y otros juegos, además de las muchas películas y series que hemos visto en los últimos 10 años sobre la edad media y el renacimiento. Así sucede también con los personajes y muchos más elementos de la serie.

Ver estas referencias en Game of Thrones es un reencuentro con lo familiar, valida que algo hemos hecho bien o que le hemos puesto atención a las cosas correctas. Es como encontrarse con un examen para el que no tuviste que estudiar y que puedes contestar sin mayor esfuerzo, es una especie de validación de algunas de las cosas que has consumido durante tu vida.

Game of Thrones es cine, TV, Napster y Netflix en una sola cosa.

La propia experiencia de ver cada capítulo, sin importar el contenido, despierta emociones. Hay capítulos que tienen la misma o mejor producción y efectos especiales que una película y nos remiten a eso, a ir al cine; a veces lo vemos con amigos y botana, a veces entre cobijas con quien sea que invitemos a la cama. Para obtener el capítulo, muchas veces tenemos que navegar entre mares de adware y malware, bajarlo como torrent y ver de dos o tres capítulos a la vez o esperar algunas semanas para ver la temporada completa en un maratón de comida chatarra y no salir de casa. Parece que HBO está consciente de la importancia de ver Game of Thrones como “experiencia” y ha decidido no combatir tan severamente a los piratas que distribuyen la serie sin permiso.

Game of Thrones nos gusta porque, además de las razones obvias (drama, sexo, gente bella, morbo, mitología) es una representación de lo ya representado y digerido: toma elementos de todo lo que nos gusta y los convierte en un espectáculo más elaborado pero al mismo tiempo más íntimo, que podemos ver en nuestra cama a oscuras y luego comentar con más gente. Valida el consumo cultural que llevamos años acumulando y lo convierte en un lenguaje común y cool, en algo que podemos compartir. Es algo parecido a lo que ha hecho Stranger Things de manera más evidente y (quiero pensar) efímera.

Bonus: La próxima temporada veremos a Westeros gobernado por una mujer rubia, pragmática y despiadada que llegó al poder después de muchas batallas perdidas y ganadas, cargando el legado del reinado de su bonachón y mujeriego esposo. Si todo sale bien, justo eso veremos también en la vida real.

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Carlos Chávez, tapatío, actualmente viendo Marvel’s Luke Cage y la última temporada de The Good Wife.

@cualchavez


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