La ignorancia de Trump hace que la comunidad internacional cierre filas contra el cambio climático

A pesar de la ignorancia de Trump sobre asuntos científicos, lo que le ha llevado a negar la grave problemática que se desprende del cambio climático apelando a una ridícula versión conspiranoica, el Acuerdo de París (ratificado ya por 111 países) es imparable. Es un compromiso del que nadie duda en la Cumbre del Clima de Marrakech (COP22).

La reacción de los países en la COP22 ha sido unánime. “El cambio climático es real, pero también lo es nuestra respuesta”, ha zanjado Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés), durante su última intervención en el plenario. Desde los gobiernos hasta el sector privado y la sociedad civil ha habido presiones para aclarar cómo se va a llegar a los objetivos. El jueves se aprobó además una declaración política –llamada Proclamación de la Acción de Marrakech– que ratificaba la urgente necesidad de seguir avanzando entre todos los países.

Pero tras el ímpetu vivido en París hasta la entrada en vigor del primer acuerdo universal y vinculante sobre cambio climático, las negociaciones sobre cómo alcanzar la meta han quedado atascadas hasta llegar a la decisión final, obstaculizada por Bolivia e India en el último plenario. ¿Llegaremos a tiempo para cumplir los objetivos? Según la Organización Meteorológica Mundial, en lo que llevamos de año, la temperatura se sitúa ya en 1,2 ºC por encima de los niveles preindustriales. El límite es no llegar a 2 ºC antes de final de siglo, y si es posible no alcanzar 1,5 ºC. Sin embargo, los científicos tienen claro que dadas las circunstancias actuales el reto es grande.



Según Steffen Kallbekken, director de investigación en el Center for International Climate and Environmental Research (CICERO) en Oslo “es muy probable que no sea posible alcanzar la meta, al menos no durante este siglo. Necesitaremos un drástico cambio en las políticas climáticos y un rápido despliegue de tecnologías limpias”. Pero por el momento la mirada está puesta en los 2 ºC, y para ello los niveles de ambición han de ser mayores.

La figura de Trump hace que los demás cierren filas contra el cambio climático

La irrupción de Trump en el panorama climático ha generado un movimiento de reacción para aumentar la ambición del programa y presionar. A pesar de todo, la elección del nuevo presidente de EE UU, Donald Trump, ha ayudado a que los países se unan cada vez más. “La cumbre climática de Marrakech ha enviado un mensaje político claro: diga lo que diga Trump, haga lo que haga, no hay marcha atrás en la lucha contra el cambio climático”, asegura Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo.

Será en 2017, en la Cumbre del Clima que se celebrará en Bonn (Alemania) con la presidencia del gobierno de Fiji, cuando EE UU tendrá la oportunidad de mantener su liderazgo aunque para muchos, con la llegada de Trump, el país norteamericano ya lo ha perdido. La dinámica y el espíritu de París no han decaído. Todo lo contrario, se han reforzado.

Algunos avances en las ambiciones de reducción

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En el Acuerdo de París, los países se comprometieron a entregar sus compromisos determinados a nivel de nacional (NDCs) sobre las emisiones de CO2 que se empezarán a evaluar en 2018 de acuerdo a las conclusiones del VI informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que se publicará ese año y que contará con la participación de científicos españoles. En 2020 se deberán aplicar estos objetivos y a partir de 2023 se comenzarán a revisar cada cinco años. Pero por ahora existe una gran brecha entre las promesas actuales de reducir las emisiones y lo que se requiere para limitar el calentamiento a niveles muy inferiores a los 2 ºC de los niveles preindustriales. A pesar de ello, hay noticias positivas. “Existe una clara decisión sobre cómo pueden utilizarse los resultados del informe del IPCC para informar sobre las negociaciones y, sobre todo, sobre la revisión global cada cinco años”, apunta Kallbekken.

La Cumbre del Clima de Marrakech debía fijar un manual de instrucciones y definir la letra pequeña sobre los procedimientos del Acuerdo de París, y se ha avanzado en varios aspectos técnicos, pero deja para 2018 muchas de las decisiones. Ese año los países deberán retomar y acelerar sus planes, y completar las normas de aplicación, teniendo en cuenta los cambios que se habrán producido en el mercado. Dentro de dos años se fijará también la hoja de ruta del acuerdo.

“Los planes no son más débiles ahora, pero Marrakech ha perdido una oportunidad para continuar el rápido progreso que se tenía antes y durante las negociaciones de París el año pasado”.- Steffen Kallbekken.

Aunque se han producido avances positivos, como el compromiso de energías 100% renovables de los 48 países en desarrollo que forman parte del Climate Vulnerable Forum, capitaneados por Etiopía, y las estrategias ambiciosas frente al cambio climático para 2050 presentadas por varios países encabezados por Alemania y EE UU de forma paralela a las negociaciones, la financiación ha sido el principal escollo, que finalmente no ha quedado reflejado.

 

Lo que el acuerdo no tuvo en cuenta

Hay varios temas que deben ser considerados para mirar los alcances y las fallas de las políticas aprobadas en París, dentro de ese fondo existe un desequilibrio entre el dinero que se destina a la mitigación (prevención del impacto climático) –que es mayor– y la adaptación (solución a lo que ya está sucediendo como olas de calor, inundaciones y otros fenómenos extremos). “Para ser francos, el equilibrio entre mitigación y adaptación en el Fondo a Largo Plazo –los 100.000 millones de dólares– no es algo que conste de forma clara en el Acuerdo de París, pero la idea hoy es que se siga avanzando”, declara Nazir Baraka,presidente de la Consejo Económico, Social y Medioambiental de Marruecos.

Las negociaciones en Marrakech sobre los procedimientos del Acuerdo de París han estado obstaculizadas por diferentes cuestiones –llamadas huérfanas– que no se tuvieron en cuenta y de las que no había un mandato concreto de trabajo en esta COP, y que no se han concretado en los documentos aprobados anoche en Marrakech. Varios países como Bolivia e India mostraron oposición a la aprobación de los documentos de Marrakech en el plenario final y retrasaron su aprobación; aquí cabe señalar que la posición de estos países es comprensible ya que una de las lógicas de las políticas internacionales más criticadas es que sean los países en desarrollo los que deban migrar absolutamente a energías renovables, cuando son en realidad los países que menor impacto tienen en el desequilibrio ambiental.

Brasil es uno de los países que ha exigido una regulación de los marcos temporales comunes en cuanto a la revisión de las contribuciones de emisiones. En este sentido, exige que todos los países tengan revisiones simultáneas para cumplir el objetivo de los 2 ºC. Por otra parte, los países más vulnerables piden una revisión al alza del Fondo al Largo Plazo de 100.000 de dólares anuales y los países con economías que dependen totalmente de los combustibles fósiles, como Arabia Saudí, reclaman medidas de respuesta ante los cambios a los que se tendrán de afrontar.

Además, la rapidez a la que ha entrado en vigor el Acuerdo de París ha sido una señal positiva. En la Cumbre del Clima de Marrakech se han debido de organizar dos grupos de trabajo diferentes entres los países que ya han ratificado el Acuerdo de París y los que aún no lo han hecho pero que pertenecen a la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático.

 

Para el ex ministro de Economía y Finanzas de Marruecos, una de las principales complicaciones es la movilización de fondos. “¿Podemos ir mucho más allá?”, se pregunta. El problema es la estructuración de proyectos y la métrica, es decir cómo van a medirse esos impactos del cambio climático en los países en desarrollo. “Lo que sí se puede medir es el coste de la inacción”.

Con información de Agencia SINC | Apuntes del Proyecto ALTERIUS

 

 

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