Black Mirror: Cuando miras al espejo, el espejo también te mira a ti.

El otro día tenía que escoger entre prevalecer la vida de alguien a cambio de cogerme un puerco en televisión abierta o dejarla morir a cambio de mantener mi dignidad intacta.

Preferí mi dignidad.
Mi decisión mató a un inocente.

Quizá soy un asco de persona. Un engendro egoísta dotada de insensibilidad e indiferencia ante la vida de un ser humano. Aquello yo no lo sabía hasta aquél día (y no estaba muy orgullosa de saberlo). Me sentía incómoda, como si quisiera quitarme el cuerpo, los piensos que estaban adheridos a él. Quería regresar el tiempo y omitir esa decisión. Pero los pensamientos son así, surgen, emergen de la nada. Uno no los controla, ellos te controlan a ti.

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Gráfico: Isabella Vaidovits


En aquél debate, producto de uno de los capítulos de la serie, había dicho que prefería desviar la grotesca humillación a precio de un asesinato y aquellas palabras no tenían marcha atrás. Además me retumbaban con la incredulidad de haber pensando aunque sea un instante así, con aquella crudeza, de haber resuelto la aberrante premisa de aquella forma. Aún con eso, titilaba entre la opción “correcta”, ambas eran extremistas. Si aquél pronunciamiento hubiera sido la decisión final, yo tendría la dignidad intacta y la culpabilidad manchada.

Black Mirror se llama la serie. La premisa anterior respecto al cerdo y la vida ajena es la forma en que abre su primer capítulo. No hay spoiler. El resto son sólo una de las reacciones y pensamientos que me produjo. “Espejo Negro” sería su traducción literal al español. Al principio no entendía el nombre, la justificación que llevaba, hasta que fui avanzando en cada capítulo. Los capítulos no son capítulos, son espejos negros.

La pantalla deja a un lado su función de entretenimiento para tomar su papel en su función de objeto reflejante, uno muy oscuro y fúnebre. Los ojos cansados, la nariz prominente, la ceja despeinada, el barro molesto; todos aquellos defectos que torturan cada mañana frente al espejo, abren el paso a la malicia de las acciones, la sequedad de las palabras, el dolo de los recuerdos, la podredumbre de la humanidad, la escoria en el ser, las armas sigilosas, el egoísmo encarnado. La pantalla que proyecta tu reflejo se ensucia en cada capítulo, pero aquella suciedad emana de tu cuerpo, de tus piensos hacia la pantalla y de la pantalla hacia tus piensos.

Black Mirror es arte. Algunos sitúan el arte sólo en las condiciones estéticas; en el caso de las series, cuestiones como la fotografía, la música, los efectos especiales. La realidad es que esos elementos son importantes pero no necesariamente hacen arte, sin embargo, alimentan el camino para ello: el arte debe hacerte sentir algo. En ese ámbito, Black Mirror es el rey de hacerte sentir algo.

Te elevan a un mundo ficticio tan apegado a la realidad que el límite que las divide se desdibuja en la probabilidad de que suceda. El impacto es tanto porque la frontera es ligera, transparente como hilo de cáñamo que al no ser visto y cruzarlo a gran velocidad te amputaría alguna parte del cuerpo.

Las temporadas son reducidas. Cuatro o seis capítulos acompañan a cada una y hasta cierto punto me parece que es un acto piadoso para el espectador. Uno apenas sale librado de cuatro capítulos de reflejos oscuros. Una temporada de once capítulos como lo son en la mayoría de las series, sería por demás torturador. Casi nos imagino siendo un Malcolm Mcdowell obligados a mantener los ojos abiertos en una interpretación de Alex DeLarge en “La naranja mecánica”.

Todos los capítulos (no son consecutivos) son buenos. Dependiendo de su temática algunos te llevan a la exaltación de los sentidos, otros siembran un análisis de la situación actual: el hombre, su inmundicia y su tecnología, otros tantos te llevan al límite de tu realidad, tus piensos, tus actos, tus traumas y tus recuerdos, como a un psicólogo al que le pagaras cien pesos al mes (gracias Netflix).

Hasta ahora van 13 capítulos en total, repartidos en 3 temporadas. Dejo, a tono muy personal, lo que considero, y me costó esa decisión, los cinco mejores capítulos (hasta ahora) de la serie:

1- “El himno nacional” T1, E1
2- “Blanca navidad” T2, E4.
3- “Cállate y baila” T3, E3.
4- “Vuelvo enseguida” T2, E1.
5- “Oso Blanco” T2, E2.

Cada capítulo conlleva un agotamiento mental, una dosis de ansia, adrenalina, introspección. De sentirse sucio, escarbado, observado, analizado e indefenso. Con Black Mirror asustan los extremos, el alter ego, el autoconocimiento, o la ausencia de él. Te llevan a límite. Al borde del precipicio te sueltan para que seas quien caiga y quien te mire caer.


Francia Águila

Lic. en Diseño para la Comunicación Gráfica por la Universidad de Guadalajara.

Me gusta todo lo que tenga letras.

Twitter: @franeloops


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