Ser mujer trans en la CDMX

Kasandra Guazo comenzó su transición cuando tenía 15 años, eran los años 90. Thalía en las teles y la discriminación en las calles.

Con su dinero compraba “tratamiento”, era de fácil acceso y se iba poniendo lo que sus amigas le recomendaban. “Cada tercer día me inyectaba una ampolleta que costaba $80. Me llegué a inyectar sustancias porque me quería ver como esa mujer que yo visualizaba (…) Si yo hubiera sabido el daño que, por ejemplo hacía el aceite, no me lo hubiera puesto.” Su endocrinólogo se sorprende que debido al coctel que se auto suministró durante tantos años su tiroides no se viera afectada.

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La primera barrera a la que Kasandra se enfrentó fue su familia, luego la sociedad. A los 17 años fue a pedir trabajo por primera vez. Una empresa chocolatera le hizo saber que a pesar de contar con los requisitos para obtener el puesto, no podían contratarla. ¿El problema? los “baños”.

“Me dijeron: No te puedo meter a un baño de hombres porque pueden ocurrir muchas cosas. No te puedo meter a un baño de mujeres porque se van a sentir ofendidas. Lógicamente no te puedo hacer un baño específicamente para ti”.

Desilusionada por esta situación, Kasandra optó por el trabajo sexual. Conoció este trabajo por algunas compañeras y lo vio como la opción para poderse sostener económicamente.

“Al principio era esta cuestión de que me gusta el chavo, me va a pagar y lo voy a disfrutar, ¿no?. Pero ya cuando va pasando el tiempo y llevas muchos años en esto ya no es agradable. Lo haces por necesidad, por inercia y no por gozo ni por placer”.

Durante el tiempo que Kasandra lleva ejerciendo como trabajadora sexual ha sufrido de violaciones, golpes e intentos de asesinato.

“Mucha gente piensa que es rico o es fácil. Pero desde el momento en que te subes con un cliente y te paga, él se siente dueño de ti, siente que te puede hacer lo que quiera y si tu no aceptas empieza la agresión. Te pegan o te insultan. Entonces debes de acceder para que no te pase nada.”

En la Ciudad de México las trabajadoras sexuales no tienen confianza en las autoridades, pues son por las que más padecen de violencia y discriminación. Desde las extorsiones hasta las falsas acusaciones, al denunciar un robo en un ministerio puedes pasar de ser la víctima a la acusada.

“Yo no creo en las autoridades (…) La policía de la Secretaría de Seguridad Pública son los que te extorsionan, los que no te dejan trabajar, te están rondando para ver si te agarran con un cliente y extorsionarlo a él, te agarran sin ningún motivo y te quieren llevar para sacarte dinero. La justicia es imparcial y más hacia este sector de la población trans”.

Desde hace seis años que Kasandra comenzó a trabajar en una organización civil, esta se ha convertido en su respaldo. En unos años espera poder alcanzar sus objetivos: se visualiza como una luchadora social por la causa de la población trans.

 Hoy en día la relación con su familia ha mejorado, la aceptan tal y como la mujer que es: como la hermana, la tía, la prima, la hija.

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Las cifras

Según datos del Observatorio de Personas Trans, México es el segundo país en el mundo en el que se registran más asesinatos de personas trans. El observatorio ha registrado que de enero de este año y  hasta el día de hoy han sido asesinadas 50 hombres y mujeres transgénero. Chihuahua, Guerrero y el Estado de México son las localidades con cifras más alarmantes.

Por otro lado Letra S asegura que por cada crimen que es documentado, hay dos más que son invisibilizados y no entran en las estadísticas.


Justicia e inclusión, nada que no esté contemplado en la constitución:

“No pedimos nada extraordinario. Queremos justicia e inclusión, nada que no esté contemplado en la constitución”: Rocío Suárez, directora del Centro de Atención a Identidades Trans.

Paola y Alessa son los nombres de las últimas dos mujeres trans asesinadas en la ciudad de México. Sus casos, en palabras de Rocío, son representativos de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran estas poblaciones:

“Son compañeras que ejercen el trabajo sexual, porque se han visto limitadas en su acceso a un trabajo digno, son compañeras que no tuvieron acceso a espacios de salud para poder tener un proceso de transición, de terapia hormonal, acompañado.”

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Alessa Flores era una activista transgénero que fue asesinada la madrugada del miércoles en un cuarto de hotel de la Ciudad de México. Su caso fue el tercer asesinato en apenas dos semanas. Días antes en Chiapas, Itzel Durán fue hallada muerta y a finales de septiembre a Paola Buen Rostro, una trabajadora sexual, le dispararon minutos después de abordar un auto.

Hasta el momento no se ha capturado al agresor de Alessa, por lo que colectivos LGBTTI exigen a las autoridades que usen todos los medios posibles para ubicar al responsable y que este sea presentado ante la justicia.


Kenia tuvo el deseó comenzar su transición desde los 9 años, para ella esta decisión significo perder el acceso a la educación y a la salud. Al igual que muchas otras mujeres en su situación, comenzó con una pelea no sólo con su familia sino contra la sociedad y las mismas leyes.

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Kenia es una de las testigos del asesinato de Paola. Ella escuchó sus gritos de auxilio, corrió hacia al vehículo al que minutos atrás rehusó a subirse –le dio mala espina, dijo– escuchó dos detonaciones y al acercarse pudo ver al conductor con un arma en su mano derecha. El asesino de Paola le apuntó con la misma arma y la obligó a retroceder. Mientras, otra de sus compañeras había avisado a una patrulla que se encontraba a unos metros. Los policías pudieron detener al agresor, lo llevaron al ministerio público, donde les informaron que sería remitido a un reclusorio preventivo.

Un día después, el asesino fue liberado por un juez. El MP no había presentado elementos “coincidentes” de la muerte de Paola. El juez desestimó los testimonios de los dos policías y las tres compañeras de Paola que se encontraban en el lugar. Por otra parte, las pruebas de pólvora resultaron negativas para ambos casos (tanto Paola, como su agresor).

El asesino de Paola es parte de un equipo de seguridad privada y ahora está libre. Kenia teme por su vida y aunque lo ha manifestado ante la procuraduría, aún no ha sido valorada para que se le otorgue custodia.

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En conferencia de prensa y junto con otras compañeras de la comunidad trans en la ciudad, exigieron la atención de las autoridades y el acceso a la justicia, no solo para Paola, sino para todas las compañeras que han sufrido discriminación o malos tratos.

El próximo 20 de noviembre es el “Día de la Visibilidad de las Personas Trans” en la ciudad, las activistas reclaman que sería imposible conmemorar la fecha con impunidad, por lo que exhortan a los ministerios, a la PGJCDMX y al tribunal que cumplan con su tarea de impartición de justicia y protección a las víctimas.

Fotos: Annick Donkers


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