Lubokus. RU.MX: Santo y Chapulín Colorado beben vodka en el antro de la gráfica popular.

En el tinglado de los estereotipos nacionales no hay nada más opuesto entre la calidez del mexicanísimo “mi casa es tu casa”  y la gélida hospitalidad del invierno ruso. No obstante, el alcohol, una vez que toma posesión de nuestro organismo, derriba –en la mayoría de los casos— cualquier frontera (establecida por el idioma, la cultura, la religión, la política y –por fortuna—la moral), por tal motivo no hallaremos ninguna diferencia esencial entre un cosaco ebrio y un charro pedo. Tanto los mexicanos como los rusos practicamos con la misma intensidad el consolidado arte de empinar el codo.

Otra actividad que hermana a estas dos naciones, recientemente descubierta gracias al interesante trabajo del artista plástico Alejandro Barreto en el documental de su autoría Lubokus.Ru.Mx, es la gráfica popular. A través de este trabajo de documentación visual Barreto establece un duelo de albures entre Emiliano Zapato y Lenin, Chespirito y Dostoyevski, San Jorge el Asesino de Dragones y Santo El enmascarado de Plata; las reglas son sencillas, lucharán a dos de tres caídas, sin límite de tiempo, en un cuadrilátero de madera tallada.

Por extensión lubok denomina un tipo de literatura gráfica rusa que tuvo su auge en el siglo XVII hasta principios del siglo XX y que estaba destinada al consumo de masas

El escenario para estos albures es indispensable, pues es el nombre que da título al documental. El término proviene de la palabra lubok, que en ruso designa una placa de madera tallada con la cual se dio origen a la litografía en todo el territorio eslavo y parte del territorio germánico.  Por extensión lubok denomina un tipo de literatura gráfica rusa que tuvo su auge en el siglo XVII hasta principios del siglo XX y que estaba destinada al consumo de masas, pues servía como instrumento para introducir la lectura a los sectores más pobres de la población. Posteriormente se convirtió en un medio de propaganda política que los gobiernos en turno trataron de incorporar –sin mucho éxito—a su discurso de legitimación social. Esta forma de representación gráfica estaba impregnada de una fuerte dosis de humor, en la que se evidenciaba una crítica social, religiosa, política y moral. De acuerdo a su época, los luboks ilustraban canciones, hechos históricos, acontecimientos políticos, sociales,  culturales y literarios.  O como apunta el mismo Barreto, el lubok es el tatarabuelo del meme: “la burla aunada ante la poderosa relación entre imagen y texto nos da un poder comunicativo de dimensiones inimaginables”.

Emparentados con los trabajos de José Guadalupe Posadas, los luboks son el espejo de una misma expresión vital. Por consiguiente, el vasto territorio de la gráfica popular se manifiesta como un importante símbolo de  amistad entre Moscú y la Ciudad de México. Porque  representa la capacidad de concentrar mediante la técnica del grabado una fuerte dosis de humor, ironía, y sátira. Si Barreto asegura que a través del humor nos emparentamos con nuestros contemporáneos rusos yo le creo, pues el humor es una influencia universal, en tanto que es humana, quizá sólo los extrarrestres y las plantas no admiten ningún grado de humor, porque la ciencia ha comprobado que los animales también ríen, muy a su manera, pero lo hacen.

Como una forma de rendir un homenaje personal a la magnificente y espléndida herencia gráfica de José Guadalupe Posada, Alejandro Barreto construye un altar ruso-mexicano en donde coloca 21 grabados lubok hechos por él mismo, amparados por los santos patronos de la cultura popular: Cantinflas, Tintán, Santo El enmascarado de plata, Chapulín Colorado,  Ninón Sevilla, Pérez Prado, Emiliano Zapata, Kalimán, entre otros personajes de nuestro imaginario nacional.

Aquello que llamamos ‘cultura popular’ no es más que una forma de mitificar lo inmediato y lo colectivo.  Una forma de configurar nuestra propia identidad a través de personajes y símbolos que “representan” lo mutable: “la mexicanidad”. El “ser mexicano” sólo es posible entenderlo a través de un panteón particularmente nacional, asumido a través de su propia construcción y reconstrucción visual. Así encontramos una producción gráfica amorfa, excéntrica y de una belleza que sólo puede admirarse en términos espirituales: los kitsch religioso, lo chilangomorfo, la metropliprehispánico son sólo algunas categorías que Barreto propone para la aprehensión estética.

Me parece que poco a poco se van rompiendo los estigmas y prejuicios que pesan sobre la ‘la cultura popular´, paulatinamente hemos entendido que los procesos artísticos giran en una rueda de la fortuna del autoritarismo y la depredación cultural, matamos lo que amamos, lo que es nuestro, porque lo demás nunca ha estado vivo (como dice el poema). De esta manera, Lubokus.Ru.Mx se convierte ante nuestros ojos en un adoratorio, un pequeño recinto mitológico y arrabalesco —inspirado por la Lagunilla de la Ciudad de México— de la cultura popular y sus excéntricos personajes.

Si deseas conocer el documental y el trabajo gráfico de Alejandro Barreto visite la página oficial del artista.

 

  

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