Emmanuel Álvarez, activista tranfeminista: “Es crucial centrarnos en la dignidad”

Originalmente publicado en Tercera Vía en septiembre 2016

¿Por qué te defines como transfeminista?

Me interesa muchísimo lo trans porque te permite cuestionar lo que te asignan de nacimiento como género: ni asumirme hombre ni asumirme mujer. Como categoría política, como soy leído socialmente, lo marica también me gusta para posicionarme desde ahí. Es eliminar el insulto o la carga negativa que hay detrás para utilizar la palabra en tu favor. Como decir: “si lo soy, y está bien”.

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Fotografía: AnnickDonkers

¿Así lo subviertes?

No es la única forma. Hay estratégias para revertir un insulto para reivindicarnos, como por ejemplo en “la marcha de las putas”.

¿Cómo distinguir la diversidad sexual de la disidencia sexual?

La diversidad sexual es algo más amplio, mientras la disidencia sexo-genérica es una postura política que cuestiona la normalización que han tenido muchos grupos, tanto heterosexuales como gays o lesbianas, que tienen una visión sumamente normada de la sexualidad.

¿Cómo ha sido tu experiencia personal en esta elección?

Hay que reconocer los contextos privilegiados respecto a otros. Cuando tienes oportunidad de ir a la universidad, por ejemplo, puesto que hay ciertos espacios que son más tolerantes. Eso no significa que no exista un cierto estigma sobre tí por tu orientación sexual o por tu forma de ser o de vivir el género. No me ha tocado una violencia tan explícita, pero creo que en general si hay muchas barreras cuando incumples lo que se espera de tí en cuanto a tu género y tu sexualidad. El poder acceder a derechos o ir a la escuela siendo trans es difícil por el ambiente que te recibe, que es hostil. Incluso los planes educativos son pensados desde la heterosexualidad, y está en todos lados, en la publicidad, en la calle, en todo. Lo peligroso es cuando esa invisibilización escala niveles hasta convertirse en violencia.

¿Qué piensas del matrimonio de las personas del mismo sexo?

Creo que contribuye a la despatologización de la homosexualidad, de la transexualidad, por la mayor difusión de éstos temas. Pero también considero que la institución del matrimonio es una forma de normalizar la sexualidad, las relaciones entre las personas, así como jerarquizar y poner por encima de otras relaciones la pareja y la monogamia, la idea de familia que se sustenta en ese tipo de unión.

Me preocupa que se olvide una historia de lucha, que es la de las luchas homosexuales y transexuales del siglo pasado. Parece que los objetivos del movimiento LGBT -como lo han llamado- se están perdiendo un poco, y creo que tienen que recuperar el sentido crítico frente a las estructuras de opresión, más que buscar la normalización a través del matrimonio o a través de participar como personas incluidas en esta sociedad, que genera otro tipo de explotaciones. No se trata de ser un movimiento LGBT clasista, racista, o todas esas prácticas que también podemos cometer y que debemos revisar, así como todos los mecanismos en que somos incluidos en una sociedad que no me parece justa.

Hay estratégias para revertir un insulto para reivindicarnos, como por ejemplo en “la marcha de las putas”.

¿Tienes algún referente de la disidencia sexual?

En este momento he visto una lucha mucho más fuerte en las personas trans. De inicio no eran reconocidas como querían y se sentían. Creo que tienen una lucha constante, de todos los días, y enfrentar muchas situaciones. También las personas intersexuales, que ponen el dedo en la llaga, pues muestran que no sólo el género es una construcción social, sino también el sexo. Eso erosiona todavía más las ideas que tenemos sobre la sexualidad y sobre la identidad sexual y genérica.

Cuando te escucho tengo la impresión de que urge cambiarlo todo. ¿Cómo puede ser accesible esta reflexión a las mayorías?

En el movimiento, en grupos y organizaciones LGBT creo que hay mucho trabajo, pero que se ha aislado un poco. Hemos perdido cierta solidaridad, tanto de nosotrxs como de otrxs hacia nosotrxs. Hay que colaborar para que la sociedad avance a otras formas de vivir y convivir. Hay que unirnos con quienes se oponen a las diversas opresiones.

Hay que colaborar para que la sociedad avance a otras formas de vivir y convivir. Hay que unirnos con quienes se oponen a las diversas opresiones.
Yo creo que en muchos espacios ya se está tramando algo distinto, como en los movimientos indígenas en México, donde las mujeres han tenido un papel muy importante, y en que además de esa lucha, hacen lo propio para ser reconocidas dentro de sus propias comunidades. Hay una necesidad creciente de nombrar el género y las violencia que el género crea.

En estas luchas hay muchos temas importantes, pero es crucial centrarnos en la dignidad de las personas, no ver sólo qué necesitamos para nosotrxs, sino situarnos en esa dignidad, y partir de ahí para generar nuevas relaciones.

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