Cuerpos para odiar: Poesía travesti de Claudia Rodríguez

“No sabía que no sabía leer ni escribir hasta que me gritaron: maricón”. Claudia Rodríguez –poeta y activista chilena— ha volcado en su actividad literaria, que abarca la poesía, la narrativa, el performance, el teatro y el cómic, un discurso de resistencia, indignación y rabia ante el  hecho de ser mujer trans (o travesti) en una sociedad que convierte sus cuerpos en instrumentos de odio.

“No saber leer ni escribir convierte a las travestis en cuerpos para ser odiadas, excluyéndolas no sólo de la universidad o del colegio, también del amor y de las revoluciones políticas.” Como miembro del “Frente Travesti” ha emprendido una lucha por una educación libre de estigmas sociales, morales y sexuales. Lucha que ha emprendido en todos los frentes de la literatura y el arte, como herramientas de empoderamiento e inclusión. A través del documental Loka Educación, realizado por la Escuela de Artivismo Audiovisual Al Borde, podemos conocer su deseo revolucionario:

https://www.facebook.com/Claudiaanaisrodriguezsilva/videos/vb.1320133839/10200713793670126/

“Soy la hija travesti de generaciones de mujeres madres analfabetas.” Ella misma describe así su propio origen a través de su página oficial www.claudiarodriguez.cl. Ahí  podemos conocer acerca de su nacimiento en un sector de Santiago de Chile marginal y su posterior desarrollo creativo e intelectual como “estrategia política de co-transformación”.

Ha escrito Cien Historias en Cien palabras: Las transexuales hablan (2011), además en ese mismo año formó la Primera Compañía Teatral Travesti cuya ópera prima fue Historias Travestis; también ha escrito los libros de poesía Dramas Pobres (2012) y Cuerpos para Odiar (2013), que dos años después se convirtió en un proyecto teatral transdisciplinario. Además ha lanzado el Manifiesto Del Errorismo, a un manifiesto horrorista travesti, en el cual señala: “El errorismo nació por error: en tiempos de censura nos vemos sometidos a forzar el lenguaje, llevar las metáfora a su punto máximo, decir sin nombrar”. El manifiesto puede leerse íntegramente aquí.

A continuación presentamos parte de su obra poética:

Que ni un pobre deba ser normal

Travestida y putiando en la parte trasera, por la bodega de un supermercado, de madrugada, en penumbras, por el 84, fue que conocí a la Franshesca, cuando les pidió a los guardias algo para comer. La loca andaba dando pena me dije, hasta que uno sacó una pistola y la amenazó con matarla. No la dejaron pasar del portón, y se burlaron ¿Qué querí maricón feo? En medio de la trifulca la travesti gritó ¡Mátame po! ¿Creí que te tengo miedo? ¡Dispara po! Y los guardias que defendieron la propiedad privada del empresario, se quedaron mudos. La Franshesca, fracasada, hambrienta y sin ningún glamour, igual que la Silvia Rivera, esa travesti de stonwell, se enfrentó a la posibilidad de morir y me dejó boquiabierta. Fue la Franshesca la que me mostró sin que lo pudiera entender en ese mismo momento: que las travestis igual que los peores indigentes, tendríamos que desarrollar armas déspotas y horrorosas, para gritar y en último caso sobrevivir.

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¿Cuándo el pobre se podrá poner en el lugar de otras pobrezas?

Pero debe quedar claro, que no pienso con palabras, es más bien imposible pensar en palabras ordenadas, frases coherentes, ideas fijas, por lo que no habrá ninguna posibilidad de que se presienta lo que pienso, con esa certeza científica que se espera. Incluso para llegar a explicar esto debí esforzarme para no traicionar lo que fue.

Si es que dices “Qué linda es la Claudia” ése no es mi problema, lo que demuestras es la parálisis de tu mente; yo no soy linda ni tuve que serlo jamás. Soy una travesti que lleva a la práctica una poesía horrorosa, soy una terrorista horrorista. Me niego a creer que es mentira, que todo lo que me hace monstruosa, no sea mi identidad.

¿Quieren Show?

¿Quieren reírse de mí?

¿Quieren burlarse de mi historia?

¿Quieren reírse de mi sida?

¿Quién convenció a los pobres de que lo que quieren es show?


https://www.youtube.com/watch?v=MN3VssQiGHc

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Historia corta

Me enamoré como una ventana chueca, como una ventana que no filtra el humo del frío, porque nunca me cierro a nada. Así me enamoré de un trata de blancas, como un horizonte sin línea recta, ni divisoria, totalmente entregada. Como una ventana con la bisagra chueca y oxidada, sin tope, de un traficante con olores a revólver y cuchillos y él se enamoró de mí sólo por el desafío, por la posibilidad de venderme vieja y por kilos. Nada de heroísmo en él pero tampoco nada de ternura en mí. Él se enamoró de mí por mi éxito en el mercado negro, por los animales muertos que vendo en trozos de cuero, carne y huesos. Yo la travesti: el peor de los negocios me enamoré del peor de los atorrantes del cementerio.

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Dramas pobres

El otro día me comí

a un individuo. Después de

torturarlo. Con la

plata que le robé me

compré tintura pal

pelo, un cepillo de

dientes y un nuevo

libro con otras

teorías para ahogar

el hambre…

mañana martes

hay feria.


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