Cuerpo y política

La política es sangre y mierda. Así decía en los años ‘80 el político italiano Rino Formica.

Quizá el tono de estas palabras suena excesivo pero detrás de ellas hay una gran intuición. Cuando los hombre somos llamados a elegir de qué lado estar o a decidir sobre su futuro no siempre usamos como criterio la fría racionalidad. A veces lo que nos guía es el corazón y la esperanza de algo mejor, otras el estómago y el miedo frente a riesgos reales o presuntos. En ciertos casos nos hacemos llevar por nuestros hígados, cuando el deseo de castigar el otro se revela más fuerte que nuestros propios intereses.

Que la política sea un asunto corporal lo vemos en muchas ocasiones. Es por eso que los líderes cuidan mucho su imagen física. Un cuerpo fuerte transmite la idea de un gobierno fuerte, activo y eficaz. También cuando son las mujeres a ser las protagonistas de la política, ellas buscan proyectar una visión muscular de su forma de actuar. Si tienen dudas piensen en la principal figura política europea de la actualidad: Angela Merkel.

También en los procesos de democracia directa se nota la dimensión corporal de la política. En los últimos años hemos podido asistir a plebiscitos y referéndum en todo el mundo. Al ver tanta diferencia de resultados, estudiosos y observadores se han quedado en el asombro, sin lograr entenderlos. A veces hasta el principio de la legitimación a través del voto ha sido puesto en discusión.

El punto, en realidad, es más sencillo de lo que puede parecer. Una cosa es cierta: no es posible utilizar el criterio de la racionalidad para interpretar los votos del Grexit y del Brexit, o para comparar el fracaso del referéndum contra el derecho de asilo para los migrantes en Hungría y del plebiscito por la paz en Colombia. Si pretendemos hacerlo corremos el riesgo de caer en la contradicción de aceptar la participación ciudadana sólo cuando se expresa a favor de ciertas ideas y etiquetar el pueblo como inmaduro cuando no cumple con los deseos de una clase política o de un partido. Esta perspectiva es, en sí misma, antidemocrática. Si el pueblo es quien decide, no importa que decida: su voluntad se debe respetar.

Pero entonces, intentando ser analiticos, ¿como se explica el error de cálculo de las elites que lleva los colombianos a votar en contra de unos acuerdos de paz que faltaban desde hace cincuenta años o los ingleses a renunciar a todos los beneficios económicos y comerciales que implica la participación en la Unión Europea?

No podemos reducir la explicación de estos fenómenos a una sola gran causa. Pero podemos establecer ciertos factores importantes. En muchos casos, por ejemplo, el gobierno juega un papel decisivo. Seguido, presidentes y primeros ministros transforman una decisión concreta en una votación en pro o en contra de su ejecutivo. En Hungría el fracaso del referéndum contra los migrantes no fue debido a que la sociedad simpatice por ellos (pues más del 90% de los que sí votaron, se expresó en contra del derecho de asilo). Lo que fue decisivo en determinar el resultado fue la gran apuesta política del gobierno del nacionalista Órban, que a pesar de sus continuos llamados a la participación, no fue escuchado por los electores. Y también en Reino Unido el Brexit fue en gran parte un voto anti-Cameron.

Pero no todos los gobiernos que buscan ratificar sus decisiones a través del voto pierden. Hace un año Tsipras buscó el voto popular para crecer su poder negociador frente a la Unión Europea y los griegos lo siguieron. Claro, también sabemos lo que pasó después, pero no tiene que ver con el hecho que el Oxi (el No de los electores a las imposiciones de la Unión) fue una señal de apoyo convencido al gobierno de Syriza.

El otro gran factor es, como decíamos antes, el hecho que la política es un asunto corporal. El no a la paz en Colombia es un ejemplo evidente de una votación donde una pulsión irracional como el deseo de venganza pueda movilizar los electores. En la época de los partidos agarra todos (catch-all parties) esto es normal: cualquier forma de convencer al elector es permitida. Donald Trump puede hacer cosquillas a los instintos de la sociedad norteamericana: desde su perspectiva hace bien, porque fue así que pasó de ser un empresario poco creíble a ser hoy el candidato puntero en la contienda para la presidencia de Estados Unidos a un mes de la elección.

A estas alturas ustedes preguntarán: ¿pero si todo es permitido es imposible tomar decisiones racionales? Claro que no.

Los antiguos romanos, que después de los griegos han enseñado mucho a la humanidad, solían decir “Mens sana en corpore sano” (mente sana en cuerpo sano). Si es cierto que la política es corporal, también es cierto que el cuerpo se puede educar: una correcta alimentación, ejercicio y disciplina es lo que nos permite como individuos tener una vida saludable. Pero ¿cómo se puede lograr lo mismo como animales políticos?

En mi opinión la respuesta está en reconocer la importancia de la comunicación política como instrumento pedagógico. Esta idea era típica de los partidos ideológicos del siglo pasado, pero hoy se ha perdido. Es cierto que esto se debió a los graves errores y a las tragedias que estos partidos han provocado en el Siglo XX, pero también debemos reconocer que en cierta medida estas instituciones cumplían la función de formar a los ciudadanos en el conocimiento de los asuntos públicos.

Hoy el principal error de cálculo que hacen los políticos cuando piden al pueblo expresarse y luego se arrepienten de hacerlo, está en pensar que las buenas acciones (o lo que se considera como tal) se cuenten por sí solas. No es así: la política debe explicar y ayudar a comprender el mundo que nos rodea. Cuando un gobierno o una fuerza política sabe hacerlo sin miedo y con argumentos el pueblo será (estará) dispuesto a escuchar. En caso contrario, será cada vez más amplia la distancia entre la política y los electores, con toda ventaja de quien sabe hablarle al hígado y al estómago de la gente. Al final de cuenta entre comer papitas y votar por Trump, no hay mucha diferencia.

Andrea Bussoletti, doctor en ciencias históricas y sociales por al Unviersidad de Florencia, Italia, actualemnte profesor de la Universidad de Guadalajara y de ITESO México

‪@Busfighter

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