Los transgénicos son tóxicos, no mejoran la producción y generan un grave problema ambiental

No es casualidad que justo a unos días de la marcha global contra MONSANTO se haya lanzado una campaña mediática en defensa de los mismos. Las movilizaciones de hoy en todo el mundo son una clara muestra de la división que genera un tema por demás polémico como la intervención directa del genoma en cualquier especie y donde el problema principal radica en que la liberación en sistemas abiertos de los organismos generados por la biología sintética, como pretende la industria agroalimentaria, es impredecible.

Un comité donde interviene la National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine y realizó una revisión exhaustiva (con más de 388 páginas) de donde sacan tres conclusiones importantes; la primera es que, en términos de salud, los alimentos transgénicos parecen no presentar variación significativa frente a los alimentos que consumimos cotidianamente; la segunda es que no hay diferencias significativas en la producción alimentaria con base en Organismos Genéticamente Modificados (OGM); y la tercera es que la aplicación de los monocultivos con plantas transgénicas están generando un grave problema ambiental.

Pero lo grave es que algunos medios, cuyo compromiso con la industria agroalimentaria es por lo menos sospechosa, han aprovechado este trabajo para apoyar la causa de MONSANTO. La divulgación se ha centrado en la primera conclusión y la han sacado de contexto, o mejor dicho nunca la han puesto en el contexto adecuado. El mejor ejemplo de como la forma de comunicar las investigaciones científicas pueden fortalecer agendas políticas lo pone el diario español El País.



El problema es que la opinión pública se modifica sustancialmente con la divulgación y El País ha hecho una pésima divulgación, engañosa, mal planteada y claramente ideologizada (al punto de que la única réplica sin solicitud que se encuentra en su nota es de MONSANTO y se hace sobre las conclusiones referentes a la producción), que ha encontrado eco en otros medios de buen impacto (por ejemplo Pictoline que realizó una infografía con la información que se ha compartido más de 4800 veces).

Desde el título de la nota, uno puede ver las intenciones de la misma; La ciencia confirma que los transgénicos son igual de sanos que el resto de alimentos. Habría que iniciar diciendo que una revisión de 900 artículos no representa la opinión de “La Ciencia”, de hecho no hay tal cosa como la Ciencia hablando por nadie y ni siquiera el uso del concepto Comunidad Científica habría sido correcto, ya que todavía existe entre los investigadores un acalorado debate sobre los probables efectos deletéreos de los alimentos transgénicos.

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En segundo lugar, con la frase “son igual de sanos que el resto de alimentos” se puede ejemplificar la forma en que la retórica tuerce la interpretación original. Si uno va a la fuente original verá una serie de supuestos que aclaran la mesura con la que los revisores han abordado el tema. En el tercer párrafo del quinto capítulo se aclara: “El comité piensa que es importante aclarar que existen límites sobre lo que podemos conocer sobre los efectos de salud de cualquier alimento, transgénico o no. Si la pregunta es ¿Éste alimento que consumo ahora me enfermará mañana? Los investigadores tienen métodos para obtener respuestas cuantitativas. Sin embargo, si la pregunta es ¿Si consumo este alimento durante muchos tiempo viviré algunos años menos que si no lo consumo jamás? La respuesta será mucho menos definitiva”.

Añaden que las respuestas en los estudios revisados jamás son absolutas y que de hecho hay un sesgo de información importante, ya que la mayor parte de los estudios de toxicidad están basados solo en un tipo de alimento, ya que analizar los efectos de diversos alimentos o dietas completas es un reto de suma complejidad.

También es fundamental reconocer que los alimentos transgénicos se han comparado mayoritariamente con alimentos provenientes del sistema de producción industrial. El problema grave es que, independientemente de los efectos en la salud de los OGM, la mayor parte de nuestros alimentos provienen de un sistema de producción dañino; ya que aun sin estar genéticamente modificados los monocultivos de la industria alimentaria requieren del mismo cuidado por medio de agroquímicos tóxicos. La comparación debe hacerse con alimentos producidos por medio de técnicas limpias y orgánicas y, como ya se ha dicho, en estudios que consideren interacciones por complejidad de dieta.

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Pero lo más importante del estudio es que desnuda múltiples diferencias epistémicas entre los defensores de los alimentos transgénicos y sus críticos, que irónicamente contaminan el problema y le permiten seguir avanzando. Éste trabajo y sus tramposas interpretaciones, no sólo revelan un grave problema en la divulgación científica, sino que fortalecen la visión de personas que incluso han sido formados rigurosamente en un campo científico.

Una línea de profesionales que fueron formados bajo los paradigmas del reduccionismo genético (la visión mecanicista llevada al extremo) están empujando esto sin entender conceptos clave de la evolución y la ecología de poblaciones; las áreas que generan las críticas más sólidas a la liberación de los transgénicos y que no son falseables en los laboratorios de los biólogos moleculares, por más avanzados que estos sean.

La belleza de la Ciencia estriba por sobre cualquier cosa en su carácter escéptico y en su capacidad inigualable de extraer información de la realidad, pero esto no significa que el científico se conecte con esa realidad. De hecho un problema tan complejo como este, que no solo se circunscribe al campo de la investigación científica sino que toca problemas culturales, políticos y económicos de muy diversa naturaleza, puede demostrarnos que los investigadores de visión positivista suelen ser los más abstraídos de la realidad (finalmente la visión dualista de este tipo de Ciencia, su pretensión de ser observadores ajenos, les fragmenta y los anula de los problemas que abordan en todas sus dimensiones).

En este sentido, el sólo hecho de la probabilidad de contaminación de cultivos nativos con OGM, es suficiente para detener a la industria del alimento transgénico. Es simple, no entendemos las interacciones genéticas y mucho menos podemos predecir el comportamiento de esas interacciones en escenarios estocásticos (y cualquier ecosistema corresponde a este tipo de escenarios por ser azarosos).

Cabe decir que algunos defensores de los transgénicos defienden su desarrollo apelando a un argumento bastante socorrido: Los alimentos nativos, como la diversidad de maíces en México, también fueron creados por medio de una selección artificial durante miles de años. Es cierto, la visión de artificio y naturaleza es un relato histórico muy presente en nuestro pensamiento occidental, en él basta la intervención directa del humano para arrebatar el áurea natural a los objetos.

Pero ésta visión no considera la forma de entender de los pueblos originarios (aquellos que originaron dichas plantas y aquellos que hoy las defienden ante el impulso capitalista) que se basa en una relación intersubjetiva (sujeto-sujeto) radicalmente distinta a la visión dualista ya mencionada (sujeto-objeto). Pienso que esta diferencia en la concepción del mundo, que se traduce en formas de relacionarnos con el entorno aclara que el proceso de formación de las plantas nativas es de por sí un fenómeno completamente natural; en términos de la lógica científica, los pueblos originarios actuaron en absoluta similitud con cualquier polinizador para dar origen a dichas plantas, mientras que la biología sintética materializa sin lugar a dudas a la selección artificial.

Me gustaría cerrar esta réplica a El País y a todas las personas que cayeron en su estafa, advirtiendo una vez más sobre el peligro de validar al científico como portador absoluto de la verdad. La formación académica, la validación de las estructuras institucionales que a golpe de título y grado encumbran autoridades simbólicas, pueden resultar catastróficas cuando se materializan en activistas de un supuesto pensamiento crítico que se atreven a lanzar sentencias insostenibles como ésta: Los transgénicos son los alimentos más seguros de la historia de la humanidad, puesto que tienen que superar más pruebas que cualquier otro alimento antes de salir al mercado (J. M. Mulet)… Como si pasar pruebas en la lógica capitalista fuera un signo de confianza (follow de money) y como si pudiera contrastarse la seguridad de los transgénicos contra los alimentos del medievo.

Mejor ejercitemos el escepticismo en colectivo y hagamos una Ciencia Abierta que valore otras formas de entender y conocer nuestro mundo, seguro así no perderemos mucho tiempo más en continuar con discusiones que en el fondo están vacías y saldremos a defender a nuestras plantas sagradas, no sólo caminando contra MONSANTO, sino sembrándolas amorosamente.

Texto de Jesús Vergara-Huerta, doctorando en Biología y miembro del Proyecto ALTERIUS.

 

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1 comentario

  1. […] El glifosato es objeto de estudios científicos que producen resultados contradictorios sobre si causa cáncer, que alguien se decante por uno u otro extremo parece ser un asunto de ideología; por un lado los ecologistas exigen detener la producción de alimento transgénico, tienen a su favor que debaten sobre argumentos políticos y sociales mucho más sólidos (aunque por lo general muestran desconocimiento profundo sobre las metodologías científicas) y por otro los defensores a ultranza de la biología sintética que, a pesar de posicionarse sobre la base de argumentos científicos, no desarrollan una lectura que incorpore la basta complejidad del problema y muestran un fanatismo extremo a favor de la liberación de los OGM (tergiversando y presentando de formas retorcidas la información disponible sobre el fenómeno). […]

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