Rutas comunitarias frente a la contingencia ambiental

El “Hoy no circula” ha generado, como suele suceder, una ruptura entre los habitantes de la Ciudad de México. Las quejas de los afectados por ésta medida son comprensibles, si se visualiza que es insuficiente y que su aplicación temporal no resolverá el problema ambiental de fondo.

Pero la mayoría de los argumentos contra la aplicación del no circula están más relacionadas con afectaciones individuales. En realidad lo que se lee es un “si el hoy no circula no es suficiente, es mejor no aplicarlo porque afecta mi movilidad cotidiana”. Por supuesto que las quejas tienen otro fundamento esencial, el del hartazgo generalizado hacia un sistema que desangra en cada posibilidad a los ciudadanos.

Pero nos engañamos si pensamos que esta metrópoli ha entrado en una fase de contingencia ambiental en días recientes, cuando en realidad es un desastre insostenible desde hace décadas. Así que con todo y su insuficiencia el “Hoy no circula” no solo es una medida necesaria, sino que debería ser permanente. El error (uno de tantos) es haber monetarizado en un principio el privilegio de circular todos los días.

¿Que el hoy no circula no resuelve el problema? Cierto, como cierto es que se trata de una medida mínima urgente que debería ser permanente, junto a todo un programa de transición tecnológica y desaceleración económica.

¿Que afecta a muchas personas que dependen de su auto? Sin duda, pero en el término “políticas públicas” queda claro que los problemas sistemáticos no se resuelven desde los particulares y el hecho es que si a esos particulares les daña en lo económico, mantener el ritmo habitual le daña a la sociedad en su conjunto en algo más fundamental; la salud.

¿Que hay contradicción entre la aplicación de ésta medida y el ecocidio permanente por las políticas de desarrollo urbano? Cierto, pero esto no se resuelve manteniendo el ritmo habitual en el transporte motorizado, lo que exige es un compromiso serio de toda la sociedad para frenar ese ecocidio, con movilizaciones, apoyo comunitario e incluso con los recursos legales disponibles.

¿Qué necesitamos para reconocer que estamos en un punto de quiebre? Una Ciudad agonizante con un Gobierno tan inepto que no solo magnifica el ecocidio aplicando megaproyectos inviables, sino que invita a la adquisición de autos nuevos como medida ecológica. Un escenario que se repite prácticamente en cualquier problema de carácter social y que por lo tanto nos empuja a buscar soluciones comunitarias.

No es fácil, pero cualquier medida que se tome requiere compromiso ciudadano y como sociedad abandonada (incluso sometida) estamos obligados a reorganizarnos, a crear comunidad (algo tan escaso en las grandes ciudades como la nuestra). Dejar de esperar las soluciones desde el Gobierno es el primer paso, aunque insisto en el valor de mantener la movilización en exigencia del cumplimiento de sus funciones, lo siguiente es plantear estrategias colectivas para intentar resolver la crisis ambiental e incluso confrontar el daño que una medida como el Hoy no circula provoca en nuestro andar cotidiano.

Comprar insumos en mercados locales, construir huertos urbanos y demás proyectos productivos propios, usar bicicleta en distancias cortas (no se trata de si un individuo con trayectos largos puede usar un transporte de este tipo, sino de que la mayoría de las personas que hacen trayectos cortos dejen el vehículo motorizado en lo cotidiano), armar rutas colectivas, convertir el transporte individual en público conectados a través de redes vecinales (evaluando rutas similares y compartiendo el espacio disponible]) y armar comités barriales para revisar los hábitos ambientales de nuestras colonias, son algunas de las cosas que podemos implementar desde lo micro para impactar en lo macro.

Se trata en suma de tomar en nuestras propias manos el trabajo que nos conduzca a la construcción de entornos libres, empoderarnos como sociedad capaz de construir alternativas, diseñar soluciones y no caer en la división (ahora muy marcada entre ciclistas y automovilistas) que tanto beneficio le trae a esa élite que insiste en condenar nuestros territorios con su permanente incapacidad.

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Texto de Jesús Vergara, integrante del proyecto ALTERIUS

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