El Día de la Tierra y la Primavera Violeta

Hoy se celebra “El Día Internacional de la Madre Tierra“, un logro de activistas norteamericanos que obligaron a su Gobierno a instalar la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental) en el año 1970. Un logro por demás inútil, si se entiende que, aún con la serie de políticas internas destinadas a la protección del ambiente, dicho gobierno es el principal impulsor del sistema atroz que está matando en cada rincón a nuestro planeta.

La polución mata a más de siete millones de personas al año y es el principal dato para impulsar la necesidad de proteger el ambiente. Es así que “El Día de la Tierra” es en realidad el día de la muerte de los cuerpos humanos por sus hábitos de consumo y es que debemos tener presente que lo más perverso del capitalismo es que nos hace parte de el ecocidio permanente desde nuestra imparable necesidad de producción (que es en realidad transformación de la naturaleza) y acumulación.

Es así que vale decir que somos el capitalismo, por lo que sumarse a la defensa de la Tierra es estar en contra de nosotras mismas; no en un sentido destructivo, sino en uno deconstructivo. Decolonizar el pensamiento, desarticular nuestro ser impuesto es la tarea fundamental para rescatar el entorno que se rompe prácticamente con cualquier pequeña acción de nuestro diario acontecer.

No es fácil aceptar que somos un producto más del sistema global, máquinas creadas en serie por una industria de orden patriarcal. Máquinas rotas, vacías y programadas para llenar ese hueco de fabricación con la masa etérea del consumo, la violencia y al placer nihilista. Pero la idea radical e incómoda de ser anti-nosotras para salvarnos, puede entenderse si se mira que aquellas personas que están resistiendo los embates de la industria en todo el planeta son en su mayoría las que forman parte de los pueblos originarios.

Los pueblos indígenas, guardianes de los bosques y el agua, lo son porque mantienen el vínculo sagrado con la Tierra. Para ellas todos los días son Día de la Tierra y la defienden con su vida. Es por eso que el Día de la Tierra es el día de Berta Cáceres, de Bety Cariño, de Máxima Acuña, de las mujeres que se levantaron en Cherán, de las Zapatistas y de todas aquellas personas (mujeres y hombres sin distinción) que han acompañado esos procesos de resistencia.

Y es que el sólo concepto de “resistencia”, permanente en la lucha por la defensa de los recursos naturales, desnuda el carácter de lo anti-nosotras. Somos, si nos asumimos defensoras de ésta nuestra Pachamama-Gaia, una entidad que debe pensarse en negativo, una que busca desaparecerse desde la solución de un mundo en equilibrio (una donde no haga falta esa defensa, sino que sea parte integral de la vida cotidiana), una donde lo natural sea contemplar con amorosa calma la quietud de los bosques que se levantan todavía de entre el vertiginoso movimiento del acero urbano.

Celebro pues a la Tierra que resiste hablándole en femenino y caminaré también pensando en ella cuando nuestros pasos invadan las calles este 24 de Abril en la Jornada Contra las Violencias Machistas, porque también el ecocidio es una violencia machista (como todas) que validamos desde la indiferencia generalizada. Porque justo en estos días, donde las grandes causas en las que muchas de nosotras depositamos nuestra confianza se tocan bajo el hermoso nombre de Primavera Violeta, nos encontramos en el sustrato exacto para llenar ese vacío existencial pero nunca más desde el consumo ni la acumulación, sino desde el abrazo comunitario y el cultivo permanente de nuestros cuerpos, mentes y corazones.

¡Porque vivas nos queremos junto a la Tierra!

Texto: Jesús Vergara Huerta

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