El Día del Ejército y los desafíos de los civiles

El Presidente Lic. Enrique Peña Nieto conmemoró el 103 aniversario del Ejército Mexicano en el estado de Nuevo León, ahí inauguró el primer cuartel en el país, de la nueva Policía Militar en el municipio de General Escobedo. En la ceremonia donde se entregó la instalación que albergará la IV brigada de la Policía Militar se hicieron diversos señalamientos y sobresalió, como siempre, la disciplina, lealtad y compromiso de las fuerzas armadas. Ha de señalarse que otras instalaciones militares se inauguraron al mismo tiempo en diferentes puntos del territorio nacional como las unidades habitacionales de Temalatla 2, la de Mexicali 4, el Hospital Militar en el Vergel Iztapalapa, así como la Ampliación de Hangar de la Escuela de la Base Militar 11 Santa Gertrudis, en Chihuahua.

Que el Ejército Mexicano disponga de más y mejores instalaciones tiene la mayor importancia dado el rezago que el instituto armado tiene en diferentes áreas, de hecho, sólo la constancia, disciplina, conocimientos y espíritu de cuerpo que lo caracterizan han hecho posible que equipos e instalaciones con décadas de funcionamiento, e incluso siglos, se mantengan al servicio de las mexicanas y los mexicanos. Desde luego todos los equipos que el Instituto tiene los utiliza en beneficio de la ciudadanía, desde preservar la independencia e integridad del Estado mexicano hasta asistir a la población en situaciones de desastre, pasando por el papel que ahora tiene en el combate a la delincuencia organizada y en otras tareas de seguridad pública en apoyo a las instituciones civiles.

Sin embargo, además de instalaciones, equipos y mejores ingresos para las tropas, lo fundamental sería celebrar el Día del Ejército con nuevas normas, esto es, desde una reforma constitucional hasta una transformación a fondo de las Leyes que rigen el desempeño del Ejército y la Marina Armada de México, pasando por la Ley de Seguridad Nacional y la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Pública. La mejor forma de celebrar a nuestras fuerzas armadas es darles el marco jurídico que requieren para realizar sus misiones con certeza jurídica y confianza institucional.

Desde que inició la lucha contra la delincuencia organizada, las Fuerzas Armadas han estado sujetas al escrutinio público, a una serie de críticas y cuestionamientos y a espacios jurídicos vacíos que exponen su prestigio al servicio de la ciudadanía. La mayor parte de los expertos en el orden jurídico militar han subrayado la necesidad de esclarecer sus funciones en materia de seguridad pública y también en materia de seguridad nacional, esto permitiría tener un Instituto Armado que se desempeñe en un orden jurídico definido en beneficio de la ciudadanía.

Tenemos una deuda institucional y jurídica con las Fuerzas Armadas, durante años el Legislador ha visto como su trabajo se desarrolla en medio de estos vacíos aún cuando son indiscutibles sus aportaciones a la salud pública, a la seguridad nacional, a la protección de la sociedad, a la lucha contra la delincuencia organizada y no organizada, al medio ambiente, y hasta la seguridad pública cotidiana de estados y municipios. Hay que decirlo y decirlo claro, la falta de leyes que esclarezcan las funciones del Ejército Mexicano en las misiones que los civiles les pedimos que desarrollen son fuente de críticas y tensiones en su actuar.

El Ejército Mexicano es una de las instituciones a las que la ciudadanía les tiene mayor confianza porque sus elementos contribuyen cada día con trabajo y esfuerzo bajo los más altos y preciados valores; y mientras tanto, acaso ya tenemos una reforma sobre cuál es su papel en las funciones de seguridad pública, o acaso también ya tenemos una reforma en materia de seguridad nacional que esté más allá de las funciones del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) con dedicatoria a las intervenciones telefónicas, y un sistema de seguridad nacional donde la generación de inteligencia deje de estar más que restringida.

En suma, el Ejército Mexicano está ahí, bajo una presión cotidiana, con sus elementos desplegados en diferentes puntos del país, y dispuestos al máximo sacrificio para servir a las personas, las familias y las comunidades, mientras tanto los civiles no damos con cómo resolver el tema del mando único de las policías. Lo paradójico del caso es que le seguimos llamando sistema nacional de seguridad pública a un arreglo institucional donde continuamos con más de mil 800 policías municipales, 32 policías estatales y una Policía Federal y sus diferentes divisiones; no sé en dónde, pero a esa circunstancia dispersa y fragmentada ni por error se le puede llamar sistema y menos de seguridad pública.

Así que por un lado unas voces dicen que el Ejército regrese a los cuarteles, mientras otras insisten en que permanezca en las calles, unos subrayan que la seguridad pública es un tema civil, otros que ante la ausencia de capacidades institucionales en diferentes estados y municipios no puede prescindirse de la actividad del Instituto Armado, entre tales extremos la ley tiene que ser la mediación racional. No se trata aquí de hacer un panegírico del papel de las fuerzas armadas pues de todos es sabido que han acontecido errores y excesos, algunos graves, pero también es justo decir que son los menos y que en cada caso han sido sujetos a la justicia civil o militar, aunque haya quienes cada día y todo el año recuerden el mismo error y nos los aciertos sistemáticos.

Es tiempo de emprender un diálogo serio, respetuoso e incluyente para fortalecer al Instituto Armado al servicio de la ciudadanía, esa sería la forma de apoyar a miles de mujeres y hombres que se dedican a servir con honor, valor y sacrificio. Baste ver las expresiones espontáneas de apoyo a las Fuerzas Armadas en los desfiles militares en todo el país, baste ver la confianza que les prodigan las familias y las comunidades ante situaciones de desastre, y baste revisar la eficacia histórica en decomisos y detenciones en la lucha contra el narcotráfico, así como su papel en la atención de la salud en las comunidades más alejadas y marginadas. Tenemos un Ejército de paz de extracción claramente popular, pero no es el mismo Ejército de hace veinte o treinta años, hoy tiene cuadros altamente preparados en las ciencias militares y civiles, tiene entre sus filas personal con maestrías y doctorados, escuelas de altos estudios, especialidades en diferentes ramas del saber humano y en especial la misma disciplina y lealtad inquebrantable a las instituciones civiles, así que reformar las leyes sería una forma de tener un mejor Día del Ejército.

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