John Coltrane: El arte de romper las cadenas con un sax

El ferrocarril subterráneo.

Es el otoño de 1926, John Coltrane está a punto de nacer y le espera un mundo, toda una sociedad que le ha asignado un rol que aparenta ser ineludible. Ha nacido encadenado a su color, un accidente que habrá de definir el resto de su existencia. La comunión precisa de ácidos nucleicos proviene con información de todo tipo; con el color viene el prejuicio y la condena de una comunidad cegada por el odio a lo distinto e incapaz de la coexistencia, pero una vez lanzado en este mundo dicho escenario de rechazo le hará comprender que la libertad se encuentra en aquel lugar donde nada que sea mero accidente lo defina, ya no será lo superficial lo que habrá de construirlo como hombre verdadero, sino la procesión de sonidos que cambiarán su destino y el de miles de hombres que esperan a las orillas del camino a su redentor.

Su saxofón tiene ciertas propiedades que lo transfiguran en un artilugio casi mágico, sus efectos sinestésicos van más allá de las elaboradas explicaciones insertas en la teoría musical. Dentro de las magníficas sesiones Africa/Brass una pieza en particular define el discurso musical de Coltrane; suena el tambor, una nota sincopada y derretida resbala fugaz y cae al suelo, crea un espacio y va perforando con sus raíces hasta encontrar las rutas por las que millares de esclavos consiguieron liberarse. Quizá Duke, cuando dice Take the Coltrane, habla metafóricamente del Underground Railroad. No es una exageración, los átomos que dieron origen y que luego habrían de traducirse en el legendario cuarteto formado por Coltrane, Tyner, Jones y Garrison, cruzaron en forma de esclavos por una red secreta, con rutas y hogares seguros, que se enfrentaba a siglos de muerte y opresión. No solo los ancestros de estos cuatro titanes, sino los de prácticamente todos los grandes jazzistas de la historia, desde los de Satchmo hasta los de Marsalis, resistieron una de las épocas más oscuras de la humanidad y muchos de ellos lo lograron gracias a la red subterránea.

Con Song of The Undergrou Railroad se puede percibir la poderosa sensación de la persecución y al mismo tiempo una hermosa impresión de libertad, el sueño de rebeldía, el enfrentarse a ese mundo despiadado sin conocer lo que depara el futuro. Nadie puede saber si el cuarteto nos habla justo de aquellos que no lograron escapar, sin embargo, la derrota personal que significaba caer de nuevo en manos de los tiranos se traducía en la evolución de la red subterránea; el hombre capturado, después de curar de las heridas provocadas por el látigo de su opresor, hacía público quien lo había atrapado y en que casa lo habían traicionado, entonces la ruta quedaba clausurada, exigiendo el surgimiento de otro brazo y una nueva posibilidad. Es cierto, el jazz nació corriendo con pies desnudos y sangrando por las piedras de un camino terrible con aroma de libertad.

Mis cosas favoritas

Ese camino recorrido y la libertad conseguida en ocasiones no son suficientes. Hay hombres a los que no les alcanza el mundo y se deben inventar uno propio, Coltrane buscó arquitectos brillantes para conseguir el suyo; Jimmy Garrison al bajo y Elvin Jones en la batería, hicieron artilugios maravillosos durante los años que tocaron junto al Trane, pero McCoy Tyner llevó su piano a cielos que solo el propio Coltrane habitó. Basta escuchar el solo de Saud (nombre que tomó Tyner cuando se convirtió al Islam) en la versión de estudio de My Favorite Things para reconocer el genio del pianista; la mano izquierda caía con énfasis al tiempo que la izquierda nos ofrece una de las grandes improvisaciones y las típicas tensiones de McCoy.

Una pieza simple, creada por Richard Rogers y Oscar Hammerstein II para el clásico The Sound of Music (conocida por nosotros como La Novicia Rebelde), fue llevada al límite por el cuarteto y sobre todo por Coltrane, cuya obsesión lo condujo hasta la demencial versión de 57 minutos interpretada en Japón en el año 1966. Todas las versiones de My Favorite Things se destacan por los extraordinarios solos, pero una en particular, la del álbum Afro Blue Impressions, se eleva por sobre las demás. Coltrane parece haber aprendido la lección del álbum homónimo de la pieza en cuestión, en donde McCoy Tyner se llevó las palmas con un delicado solo, bello en extremo, que se vuelve hipnótico y hace imposible dejar de escuchar la base incluso con la reincorporación de Coltrane para el solo que le sigue al tema. Así que acá retoma en la vuelta al final del solo de Tyner con un vibrato altísimo que continúa con un par de improvisaciones, interrumpidas solo por la cadencia, que sin temor a equivocarme se constituyen como uno de los puntos más álgidos del saxo soprano, quizás solo alcanzado de nuevo por el propio Coltrane.

Lo que hace Coltrane con My Favorite Things (en las múltiples versiones que se pueden escuchar) ilustra lo que significa el jazz; un tema simple es estirado hasta encontrar el espacio perdido entre el Do y el Do sostenido. El genio del jazzmen radica en ese momento de creación que es mezcla de mente y materia, en particular Coltrane fue claro al afirmar que siempre fue consciente de su arte pero lo cierto es que en este punto la imaginación ya se ha vuelto tan fundamental e involuntaria como la respiración. Las láminas sonoras que emanan del saxofón de Coltrane prueban una vez más que la creatividad es la postal del espíritu.

Un Amor Supremo.

Como antaño sus antepasados, Coltrane fue encontrando caminos de liberación. Su ruta subterránea condujo a proezas como Transition, Om, Kulu Sé Mama, Interstellar Space, los cuatro movimientos de la Suite y los complicados Ascension y Meditation, entre muchas otras obras maestras imposibles de mencionar sin dejar fuera a decenas de geniales creaciones. Pero de entre todas ellas destaca la obra cumbre del lenguaje jazzístico A Love Supreme. Antes de llegar a él, el sello Impulse! fue quien intentó encadenar de nuevo a John, las críticas no siempre favorables a las nuevas formas exploradas por Trane y una breve e inexplicable desconfianza en su saxo, llevaron a la producción de obras más bien conservadoras; entre las cuales se encuentra su excelente colaboración con Duke Ellington, muy distinta a su trabajo junto al esquizofrénico e innovador Thelonious Monk.

Una vez más las cadenas duraron poco. A Love Supreme se transfiguró en el credo de una nueva religión; Coltrane, convencido de que un dios lo había rescatado de su otrora adicción a las drogas, buscó dibujar la divinidad por él supuesta con un paisaje sonoro que ofrece la mejor de las experiencias místicas (de la que no podemos escapar ni siquiera los ateos); Un estruendo proviene del gong y anuncia que en la próxima media hora dejaremos nuestro cuerpo, vendrá Trane con una breve respuesta, los platillos vibrantes de Jones y la hipnótica base en el bajo de Jimmy… lo que sigue es McCoy elaborando el espacio donde el genio de John habrá de tejer su magia; Fraseos imposibles, notas inalcanzables y llenas de nítidas palabras… “a love supreme, a love supreme, a love supreme, a love supreme…”… otra vez Garrison llevando el Acknowledgement al Resolution y entonces Coltrane vuelve en el registro más alto para depositarnos en el primer solo de Tyner… queda claro que McCoy tiene dos cerebros y que en su piano se va acumulando la poderosa fuerza que el titánico saxofonista va a liberar en breve… justo ahora estos dos son el ying y el yang, una fusión perfecta que se fragua en el contraste… el batería lanza un aguacero sincopado que ha traído desde un rincón inexplorado de la sabana africana y que anuncia el clímax de la obra… Pursuance viene con los mejores solos de Coltrane en el tenor, unidos por las perlas que saltan en el piano de McCoy… es el 19:18 y un altísimo do va a desgajarnos el pulmón, un rabioso mi acelera la fibras que componen esta cosa que va bombeando litros de sangre por segundo y un re despiadado las vísceras que falta por reventar… la procesión es inaudita cuando llega al fa y a notas que no estaban en el registro del tenor, cientos de sonidos iridiscentes echan a andar nuestras mitocondrias y entonces nos vemos dando pequeños brincos, justo ahora solo somos capaces de escuchar, ver, oler, sentir y saborear este tren psicodélico, pero aun así nuestra mano ha cobrado vida y golpea nuestro muslo sin parar, nuestros dedos se mueven como si fuéramos capaces de tomar un tenor y llevarlo hasta esa galaxia… es Coltrane que se nos ha metido hasta en la médula… los pies le corresponden a Jones… a Garrison y McCoy en este instante no les han dejado nada de nuestros cuerpos pletóricos… pero debemos regresar para la oración final y Jimmy lo sabe; Psalm no viene solo, sino con un sax que nos revela todo lo que no somos: “A Love Supreme… I will do all I can to be worthy of Thee, Oh Lord… It all has to do with it… Thank you God… Peeeeeace (Peace)… There is none other… God is It is so beautiful… Thank You God… God is all… Help us to resolve our fears and weaknesses… In You all things are possible… Thank You God… We know God made it so… Keep your eye on God… God is… He always was… He always will be… He is gracious and merciful… It is most important that I know Thee”. Algunos creerán en estas palabras, yo prefiero creer en sus sonidos; aunque no parece un buen momento para enfrentar la fe contra la razón, queda claro que usted y yo aceptamos la existencia de un ente superior; usted le llama Dios y yo lo nombro John Coltrane.

McCoy, Ravi y trascender.

Quizá no solo un mundo espera a ese código cifrado de ácido desoxirribonucleico para hacerle juicio, es probable que algunas combinaciones tengan su revancha. Coltrane desarrolló muy joven el cáncer hepático que habría de arrebatárnoslo y es que tal vez estaba programado para dejarnos con esta angustia, que proviene de nuestra reverencia al más grande de los jazzistas, con esta duda que siempre nos acompaña cuando escuchamos su magnífica herencia, con esta pregunta que en ocasiones nos atormenta… ¿Qué habría sido de la historia de la música sí el gran John Coltrane siguiera entre nosotros?

Pero no todo está perdido, queda claro que Coltrane no ha muerto porque su herencia musical ha quedado en estos pasillos, quizá ahí radica la trascendencia posible del hombre; desde los trazos furiosos ya revisados, hasta las melodiosas y relajantes cadencias que nos legó interpretando como nadie blues y baladas. De cualquier forma Coltrane se aseguró su permanencia en vida con el nombre de Ravi; su propio hijo hoy nos dice que el espíritu de John Coltrane camina entre nosotros y nos habla, nos revuelca, nos vuelve trozos de polvo cósmico que retornan al origen: “Tira del cordón que habremos de pasar por ese cruce y sostenlo hasta que levanten los rostros curtidos por cientos de años al sol… sostenlo sin olvidar que McCoy espera su momento y que el palisandro, la caoba, los elefantes y los búfalos se entrelazan en perfecta sincronía… sostenlo tan alto que quiebre nuestros tímpanos… sostenlo y que penetre nuestros párpados tejidos con mimbre”

El tributo de los Dioses

Con Walk Spirit talk Spirit, McCoy y Ravi nos recuerdan que venimos del mismo punto, que una explosión o una coalición nos echaron a andar, pero que irrefutablemente crecimos sincopados al ritmo difuso que se gesta del caos y el orden. Partimos de estrellas, de azufres volcánicos, de tormentas eléctricas, de oscuros océanos que pronto se tornaron luminosos y, una vez hechos luz, cruzamos praderas, bosques, lagos, desiertos y selvas. Reconocimos en el ave y en el árbol nuestro primer lenguaje, el más fundamental, hasta llegar a este espacio sabor a gumbo y olor a jazmín. Por eso ahora los grandes de nuestro tiempo le rinden tributo al legendario Coltrane, continuando el tejido sinfónico que surge y se sostiene en la cadencia de un hermoso swing, que se contrae y se expande en las infinitas posibilidades de doce tonos azules para crear esa ardiente flama llamada Jazz [1]

[1] Textos recomendados para profundizar en la música y la biografía de John Coltrane; Eric Nisenson. 2009. Ascension: John Coltrane and His Quest. Da Capo Press; Porter Lewis. 2006. John Coltrane, His Life And Music. The University Of Michigan Press; Cole Bill. 2001. John Coltrane. Da Capo Press; Kofsky Frank. 1998. John Coltrane And The Jazz Revolution Of The 1960s. Pathfinder.

Redacción y recopilación: Jesús Vergara | Ningún contenido multimedia fue alojado por Tercera Vía.
Texto actualizado desde uno originalmente publicado en Revista Hashtag.

Previo

Inaugurarán exposición fotográfica en memoria del fotoperiodista asesinado Rubén Espinosa

Siguiente

Viernes de carcajadas