El Amor Supremo

De Coltrane al Amor Libre

Para el año 1965, después de haber resuelto una adicción a las drogas, Coltrane había transitado por una búsqueda personal que se reflejaba en un discurso espiritual a través de su música. Como toda obra maestra, la de Coltrane nos conduce no solo a la contemplación, sino que logra llevarnos a la introspección. La belleza y el poder de los cuatro movimientos de la suite A Love Supreme nos exigen una revisión del concepto más fundamental; el Amor.

Desde el primer sonido del Gong, uno se pregunta irremediablemente qué cosa es el amor y cuál de todos los que hemos vivido, o viviremos, es el supremo. Para Coltrane, su suite es un canto espiritual y una oración al Dios que ha reconocido y podemos advertir que esa solución es solo un resultado de la misma búsqueda que todo ser humano encara para encontrarse.

A Love Supreme es también una obra total, porque si uno puede resolverse a sí mismo amorosamente habrá encontrado la forma del buen vivir. Por eso lo del cuarteto en este álbum es una ruta clara que transita por las preguntas correctas en el orden correcto; ¿Quién soy?, ¿qué quiero hacer de mi vida? y ¿con quién-quienes lo podré lograr? Todas esas preguntas, y no solo la tercera como generalmente se cree, corresponden al campo de lo amoroso.

Acknowledgement, el primer movimiento, busca obseso el ¿quién soy? con las cuatro notas melódicas que forman la base y que se repiten en los primeros minutos como un mantra. Hay que señalar desde ahora que muchos jamás llegamos a una deidad como Coltrane, pero reconocemos quizá el mismo sentimiento espiritual al hacer consciencia de la divinidad que hay dentro de nosotros. Esa consciencia (que en su acepción más simple es el equivalente al conocimiento) es la respuesta a esa primer pregunta porque el conocerse implica un parto de sí mismo; que como todo parto puede ser doloroso pero se traduce en la emergencia de un nuevo Ser.

Cuando uno siente-piensa haber logrado ese nuevo Ser, se da cuenta de inmediato que se está vacío de sentido; se entiende que al desarticular lo que se cree haber sido, también se pierde lo que se cree haber pretendido. Es cuando se nos hace indispensable el Resolution con toda su poderosa energía cargada hacia el futuro. A estas alturas las vibrantes tensiones de McCoy Tyner al piano se nos revelan como un camino incierto pero que vale la pena emprender, porque ahí entre el swing de Garrison al bajo y la tempestad de Elvin Jones en la batería se teje un destino seguro desde lo que somos.

Lo que sigue es solo la continuación de esa nuevo destino. Lo de Coltrane en el Pursuance es glorioso porque hizo del saxofón una de esas máquinas que en las manos correctas parten al mundo por la mitad; dejando de un lado lo antiguo [con sus críticos en rabietas] y abriendo los ojos del resto hacia lo nuevo. Defender nuestro amor hasta perderlo todo, hasta lograr para nuestro camino la misma reacción de Philip Larkin ante la nueva propuesta de John Coltrane:

[…] esa religiosidad de última hora, ejemplificada en suites tan ampulosas como A Love Supreme y Ascension, que hacen de lo pretencioso un estilo de vida; esa terca y horrenda distorsión del timbre que pide que nos tomemos en serio gritos, crujidos, vítores propios del Bronx y chirridos ahogados de tiza sobre una pizarra. Todo eso y más garantiza, al menos para mí en todo caso, que cuando los discos de Coltrane vuelven al anaquel es para quedarse allí”

¡Que los viejos pensamientos y los críticos conservadores nos encierren en sus anaqueles, porque no hablamos con ellos sino con el futuro! Nuestro camino hacia el ¿Con quién-quienes? es tempestivo, un oleaje de alegrías y tristezas por no habernos escuchado antes. Nuestro Psalm puede dirigirse también a un Dios, puede dirigirse a una comuna o a una pareja, pero debe siempre ser un canto que invada cada uno de los átomos que nos contienen. Una vibración interna que nos eleve, nos conecte y nos devuelva la confianza. Un poema en tono azul que pulverice cada necesidad y cada posesión que nos impida entregarnos a la labor de amar.

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Lo que Coltrane nos enseña con esta obra maestra es que el Amor solo puede ser libre, como libre es el jazz. Un amor que se gesta de improviso porque los que lo emanan están firmes en lo que son, confían los unos en los otros y solo desde esa confianza puede surgir la belleza perpetua que eleva los espíritus… ¡Así que ponga play e insista en construir desde el amor supremo!  

Texto y recopilación: Jesús Vergara-Huerta | Ningún contenido multimedia fue alojado por Tercera Vía.

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