¡NOSOTROS INSISTIMOS!… ¡VIVOS LOS QUEREMOS!

La música, como toda expresión artística puede ser una declaración y el Jazz es el manifiesto permanente de esa tradición. Nos referimos al Jazz como una música libre no solo porque la médula espinal de su estructura es la improvisación, sino también porque es un discurso histórico que relata la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos de América (EUA), particularmente la emancipación de las personas afrodescendientes.

Y en ese sentido, el Jazz podría ser considerado un metadiscurso que se nutre de las historias personales de los genios que lo erigieron como una de nuestras artes esenciales; mujeres y hombres que hicieron del lenguaje jazzístico un arma de confrontación contra un régimen fascista que aun hoy cala en nuestras sociedades. Por eso mismo, la belleza suprema del Jazz está en sus sentencias y es que la misma música no tendría la fuerza que emana si no llevara títulos como Song of the underground railroad (John Coltrane), Prayer for Passive Resistance (Mingus), Emancipation Blues (Oliver Nelson) o To be young, gifted and black (Nina Simone). Centenas de jazzistas hicieron de su música un panfleto contrahegemónico que hoy mantiene su vigencia en un mundo que en estos tiempos ha retomado el camino de la segregación, el prejuicio racial y la violencia como única solución.


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Recuerdo cuando mi cuerpo se estremeció al ver la mítica portada del We Insist! de Max Roach; uno de los titanes de la batería. James Schenk sentado junto a los compositores del disco, Oscar Brown y el propio Max, miraban de manera retadora hacia la cámara, mientras un hombre blanco llena un tarro de cerveza del otro lado de la barra. La imagen era ya una declaración política en la segregada sociedad de 1960, pero la música que contiene el álbum va más allá; Los poderosos cantos de Abbey Lincoln que a veces se tornan en gritos desesperados o vibrantes consignas en protesta, el saxo inigualable de Coleman Hawkins en el Driva Man y la sección de vientos que arma Roach para el Freddom Day con Booker Little (trompeta), Julian Priester (trombón) y Walter Benton (sax tenor), nos van conduciendo al clímax del proyecto.

Con el Triptych: Prayer, Protest, Peace Max Roack demuestra todo su genio al plasmar con toda su carga emocional el dolor y la rabia contenida en la historia de la esclavitud en los EUA. Pero el We Insist! No solo declara la necedad de las mujeres y hombres segregados en América, también rescata y visibiliza los reclamos de los esclavos despojados en su propia tierra; Michael Olatunji con sus congas y en dúo a voces con Lincoln, Raymond Mantilla y Tomas du Vall en las percusiones, nos presentan de la forma más bella el espíritu de la resistencia en África ante un mundo pálido, opresor y voraz que no ha sabido desde entonces reconocer su esencia destructora.

Es ese mundo el que nos obliga [a los que le rechazamos por exigir nuestro odio] a rescatar el imprescindible legado de Max Roach. La imponente carga emocional, la calidad suprema de este indispensable álbum nos recuerda que hoy bien podríamos sentarnos en la barra de un bar mirando a la cámara para elevar la voz y gritar un We insist!… que en estos tiempos y en estos lares lleva forma de ¡Vivos los queremos!

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