Entrevista con Leticia Luna: “A veces uno conoce de un problema social, más por la poesía que por otras fuentes”

Este martes 1 de diciembre inició uno de los Festivales de Poesía más importantes y emblemáticos de México: El Festival Internacional de Poesía “Ramón López Velarde”, en su edición 2015. El Festival tiene como sede la ciudad de Zacatecas, en donde la realización de actividades de lectura de poesía, así como de la XXVII Feria Municipal del Libro y una exposición plástica colectiva realizada en la ciudad de Jerez, han tenido el objetivo de homenajear a uno de nuestros más insignes poetas: Ramón López Velarde.

A propósito del Festival, Tercera Vía platicó con la poeta Leticia Luna –coordinadora del mismo— sobre la poesía y Los Días Heridos de este violento país.

El Festival Internacional Ramón López Velarde ¿Cómo afronta los problemas que causa el centralismo cultural del país?

El Festival ha creado un espacio importante para la poesía a nivel nacional y ahora a nivel internacional. Cada año desde hace más de tres décadas se dan cita importantes autores en el estado que vio nacer al insigne poeta Ramón López Velarde; es un logro indiscutible, sostenido por el trabajo de un equipo de universitarios zacatecanos, cuyo coordinador es el poeta José de Jesús Sampedro. Crear espacios para la poesía, paralelos a aquellos sostenidos por las jerarquías que concentran el poder cultural a nivel nación, ha sido una tarea también de los poetas, no sólo de las administraciones culturales. En México, y en general en América Latina, los festivales de poesía se sostienen por el interés de grupos de poetas que realizan gestión cultural y que colaboran a la par con universidades o ministerios de cultura para que estos se lleven a cabo.

¿Cuál es el mayor reto que enfrenta un festival de poesía como el RVL ante la ausencia de lectores de poesía?

Considero que no hay ausencia de lectores de poesía, la poesía tiene su público y sus lectores, como lo tiene la danza o la guitarra clásica. Son pocas las personas que les gusta verdaderamente la poesía en comparación con la cultura de masas, pero existen, por ello se agradece que Dosfilos haya publicado a más de cien autores jóvenes en la década de los ochenta y noventa, y que la UAZ siga convocando al Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde, editando la obra de los galardonados.

Ramón López Velarde es uno de los íconos de la poesía mexicana, además de ser considerado uno de los renovadores de la lírica nacional, “Suave Patria” está insertado en la conciencia colectiva. Este año el premio que otorga el festival lo recibirá el poeta colombiano Jotamario Arbeláez, quien es reconocido como uno de los emblemas de la vanguardia llamada nadaísmo. Entre estos dos poetas de diferentes contextos sociales y culturales hay una suerte de vínculo. ¿Cómo se eligió al ganador del premio?

Tener el honor de recibir el Premio Internacional de poesía Ramón López Velarde se convierte en una inmensa alegría para cualquier poeta del mundo, pues este premio reconoce la obra, la trayectoria del autor; las propuestas de los candidatos al premio se dan entre un consejo consultor del festival y la Universidad, se hacen muchas propuestas y se discuten, pues este consejo está al tanto del universo poético contemporáneo y sus constelaciones. Saludo al poeta Jotamario Arbeláez, a quien tuve el gusto de conocer en Colombia, cuando acudí a los Festivales de Poesía de Bogotá, y nuevamente pude tratarlo en México durante la FIL Zócalo, recuerdo que lo llevé a conocer Garibaldi, junto con otros poetas colombianos.

Leticia Luna además de ser poeta, ha podido tener una visión de la literatura desde diferentes perspectivas, ha sido editora y periodista, además de coordinadora de eventos culturales como en este caso con el Festival Internacional RVL. ¿Cuál de estas labores es más ardua y por qué?

Cada una de las actividades que mencionas tiene su oficio; todas ellos son fascinantes. Quizá la tarea más ardua para mí ha sido la edición; la poesía tiene su exigencia, pero es muy lúdica, una persecución de la luz casi mística, un camino de la vida interior que te lleva a sostener un diálogo entre el adentro y el afuera del poeta en que te vas convirtiendo, esto te brinda un caleidoscopio de múltiples visiones que enriquece tu expresión y tu comprensión del mundo en muchos niveles. El periodismo me ha permitido dialogar con otros poetas sobre todo a través de la reseña y la entrevista. Y la organización de eventos, presentaciones, ferias de libros, festivales, etc., ha sido una necesidad de sostener iniciativas propias o de otros poetas y editores por crear cultura desde el lugar en que uno se encuentre.

Con el grupo Fuego Azul se logra la convivencia entre la poesía, la danza y la música. ¿Cómo se logra la armonía entre estas tres disciplinas?

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El Grupo Fuego azul (poesía, música y danza) me ha brindado un espacio artístico donde puedo dialogar con otros lenguajes desde mis poemas; los bailarines de danza contemporánea y clásica que han colaborado en el grupo, los músicos (pianistas, guitarristas, flautistas o percusionistas) me han enseñado mucho del espacio escénico y del espacio sonoro; creo que la armonía se logra cuando logras ensamblar piezas de las diferentes disciplinas en juego.

El erotismo es uno de los ejes de la búsqueda poética de Leticia Luna, lo demostró en su libro El amante y la espiga ¿aún sigue en esa búsqueda?

Max Rojas me decía que iba yo a tener 80 años e iba a seguir escribiendo poemas eróticos, recién concluí mi poemario El árbol del alba y otros poemas invisibles, esa vena sigue aunque más espiritual.

Los Días Heridos es un libro que muestra la fragilidad del ser humano ante circunstancias de violencia como las  que vive a diario el país, los días heridos son todos los días.

Así es, pensé que Los días heridos habían concluido con la matanza de Acteal, los conflictos de la APPO en Oaxaca, los fraudes electorales y finalmente con la muerte del joven Alexis Ollin Benhumea, a quien está dedicado el poema “Ríos de sangre” que cierra el libro; pero la muerte del hijo del poeta Javier Sicilia y los más de 121 mil muertos durante el sexenio de Calderón volvieron a abrir un nuevo episodio de dolor para México, muertes que quedaron impunes igual que las de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. La poesía social no es un tópico más de la literatura, es una expresión de la realidad de América Latina.

Después de Los Días Heridos ¿Cómo se enfrenta Leticia Luna a la frágil condición de la poesía frente a una realidad tan violenta como la que vive México?

Creo que la poesía puede ser muchas cosas menos frágil, la poesía puede llegar a alcanzar una fuerza tan poderosa que atraviesa siglos, en El Salvador me hicieron una pregunta similar, yo les regresé la respuesta en forma de preguntas: “¿Saben ustedes quién es actualmente el presidente de México?” Nadie supo, acababa de entrar Fox. “¿Saben quién es Sor Juana Inés de la Cruz?” Todos sabían, algunos incluso sabían sus poemas de memoria. Tuve la oportunidad de compilar, junto con mis maestras Aurora Marya Saavedra y Maricruz Patiño, la Trilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica (pícaras, místicas y rebeldes), y de hacer el prólogo del tomo III, que titulamos: Rebeldes, ahí leí y seleccioné ocho siglos de poesía, desde las malmonjadas y las malcasadas de la Edad Media española hasta los poemas que emergieron de las revoluciones latinoamericanas del siglo XX, a veces uno conoce más de algún movimiento de liberación, de un problema social , de un héroe o unos mártires, más por la poesía que por otras fuentes.

¿La condición de la poesía es siempre ser la primera víctima?

Raúl Zurita comenta en el prólogo a la edición nicaragüense de mi libro Los días heridos, que la poesía será siempre la primera en alzarse de entre las víctimas. La palabra poética tiene un gran espíritu, quizá por ello los poetas siempre han sido y serán incómodos al poder.

¿Hay salvación en la Palabra?

La poesía aún en épocas de violencia sigue expresándose, renaciendo como una rosa de Jericó, podemos citar a muchos: Mahmud Darwish, Roque Dalton, tengo misma opinión de  Osip Mandelstam (quien sufrió destierro por un poema contra Stalin) de que todos los poetas en realidad estamos escribiendo un mismo libro.

 

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