El gobierno feminista que dice haber llegado

Definir al feminismo es una apuesta compleja pero en esencia es una ideología del amor, del rescate de lo femenino (que junto a lo masculino es una construcción cultural, no biológica) y es por lo mismo conciliatoria. De ahí su capacidad de emancipar no solo a las feminidades, sino de restaurar las masculinidades y así volvernos seres completos. Pero como toda ideología que requiere compromiso, no solo debe soportar y confrontar a sus detractores, sino que también debe resistir a los ladrones de la palabra.

El poder tiene la infinita capacidad de tomar la ideología y reconfigurarla para mantener sus privilegios y para eso aprovechan un fenómeno también común; a la ideología se le piensa y se le juzga por sus militantes. Por ejemplo, pasa con el capitalismo que se disfraza de ecologista para captar clientes que se dicen comprometidos y conectados con la naturaleza, pero bajo ese esquema mantiene su esencia acumulativa y la lógica del despojo.

Así es como Coca-Cola puede vender un producto bajo la etiqueta de saludable y sustentable o lanzar una campaña mediática a todas luces ofensiva para los pueblos originarios, al mismo tiempo que les despoja sus recursos hídricos, contamina, explota jornaleros, fomenta el consumo indiscriminado de azúcar y sostiene una cultura de consumo que se traduce en nuestros más graves problemas de salud (hipertensión, diabetes, problemas cardíacos, entre muchos otros).

Con el patriarcado pasa lo mismo, toma las posturas emancipadoras, se las traga y las devuelve como ideas sin sustento para continuar el sistema de dominación. Solo así se entiende que Margarita Zavala intente levantar su índice popular apelando a discursos de género, cobijada por sus compañeros de Acción Nacional a los que les basta un sólo tweet para desnudar todas sus contradicciones.

A ella se le suman ahora las senadoras Adriana Díaz Lizama (PAN), Ivonne Álvarez y Diva Gastélum (PRI), que rechazaron las observaciones sobre la terna propuesta por Peña Nieto para definir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), asegurando que las críticas vertidas hacia Verónica Judith Sánchez Valle, Patricia Orea Ochoa y Norma Lucía Piña Hernández (quien finalmente fue impuesta como ministra de la SCJN) no se debían a su notable contubernio con el Gobierno Federal, sino a su condición de género.

Está muy claro que respecto al feminismo hay una ignorancia generalizada, comprensible si se entiende que el heteropatriarcado es una cultura ubicua que permea todos nuestros ámbitos de desarrollo, y se agrava la situación cuando figuras que detentan el poder lo utilizan como herramienta demagógica. Es momento de levantar la voz contra esta nueva forma de utilizar al feminismo, que hasta parece darle sentido a uno de los términos más comunes para demeritarlo; después de todo nada podría ser más cercano al feminazismo que la unión de fascistas que, al haber gastado por completo y traicionado el discurso democrático, ahora despliegan esa burda caricatura de las posturas antipatriarcales. 

Con las claras relaciones de poder entre hombres y mujeres que se manifiestan en todo espacio de la vida privada y pública, parece difícil desarticular los señalamientos de Zavala y las senadoras antes mencionadas. Pero en realidad es muy fácil reconocer que su discurso está diseñado para confundir pues basta entender que todas ellas, pero sobre todo las panistas, pertenecen [y con su labor política sostienen] a un sistema que criminaliza a las mujeres que defienden su derecho a decidir sobre su propio cuerpo [al grado de diseñar estructuras que hasta encarcelan mujeres que abortaron por causas naturales], que rechazan el matrimonio igualitario, que son indiferentes y por tanto fomentan el fenómeno del feminicidio y la violencia contra la mujer. Sabemos que esos discursos no están dirigidos para los militantes o defensores del feminismo, sino para mantener la confusión del resto, pero vale la pena señalar que nadie bien informado creerá en ninguna de sus posturas hasta que se manifiesten contra los problemas antes señalados y utilicen su influencia para resolverlos y no para mantener los privilegios que le deben a lo que dicen combatir.

Redacción: Jesús Vergara


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