¿Mujeres mexicanas empoderadas o sobre-explotadas?

Un elemento importante para el crecimiento y desarrollo económico de un país es la integración de distintos grupos de la sociedad en las actividades económicas. La participación de las  mujeres, siendo la población mayoritaria en muchos países, en la vida productiva  es fundamental para potencializar el desarrollo de un país. Sin embargo, en muchas sociedades las mujeres tienen pocas oportunidades para sobresalir en el mercado laboral, impidiendo tanto su desarrollo personal como el de la economía.

De acuerdo con el estudio realizado por la OCDE “Entrepreneurship at a Glance 2015”, las mujeres tienen menos posibilidades de autoemplearse o abrir una empresa que los hombres. Mientras que el 5.6% de los hombres han abierto su propia compañía, solo el 2.2% de las mujeres lo hacen. Aún más, las mujeres emprendedoras se centran únicamente en la industria de servicio y comercio y no exploran áreas comúnmente categorizadas como masculinas como  la construcción y la manufactura.

En el estudio se plantea que las mujeres son más propensas a asumir menos riesgos que los hombres al abrir un negocio. La posibilidad que la compañía fracase o que los ingresos sean bajos, son riesgos que las mujeres están menos dispuestas a correr . La OCDE señala que la causa de este comportamiento se explica por las grandes desigualdades entre hombres y mujeres en la capacitación, entrenamiento o fondos para abrir una empresa.

En el caso de México, las desigualdades para emprender un negocio se encuentran en la diferenciación entre hombres y mujeres en las oportunidades de educación y trabajo. De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación, la principal causa de deserción escolar de las mujeres es el embarazo. Mientras que los padres pueden continuar con sus estudios al no tener que cargar con el embarazo, las mujeres dejan la escuela para cumplir con su rol de madres. La falta de guarderías y apoyos económicos a este sector de la población, hace aún más complicado la posibilidad de que las mujeres embarazadas continúen sus estudios. De acuerdo con datos del Banco Mundial, en 2013 las adolescentes que tuvieron un hijo en México llenarían 3 veces el estadio Azteca. Si tomamos en cuenta también que en el mismo año hubo 413 mil personas tituladas de la universidad en el país contra más de 336 mil mujeres entre 15 y 19 años que fueron madres, estamos hablando que en el país se pierde un gran número de futuras universitarias.

Las mujeres que logran terminar sus estudios, enfrentan la misma discriminación de género en el mercado laboral. Con base en datos del INEGI, mientras 8 de cada diez hombres cuentan con un empleo remunerado, solo 5 de cada 10 mujeres lo tienen. En el mismo año, las mujeres ganaron 30%  menos que los hombres en actividades industriales y 24% menos cuando son operadoras de transporte. En actividades comerciales o de oficina, la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres ronda entre el 17% y el 10%. Las únicas actividades en donde la brecha  se reduce son la agricultura, vigilancia y trabajadores de la educación.

A pesar de estas desigualdades en la educación y en el trabajo,el estudio de la OCDE muestra que las mujeres mexicanas son quienes más riesgos asumen para abrir un negocio.

Porcentaje de mujeres que estan dispuestas a aceptar riesgos al abrir un negocio

Fig-3

Fuente: OCDE 2015

 

A pesar de las discriminaciones que sufren las mujeres en nuestro país, ¿Por qué siguen teniendo grandes aspiraciones por emprender un negocio personal? Pensar únicamente que las mexicanas son más “aventadas” que el promedio mundial sería un poco descabellado. Más bien, la decisión tomada por las mujeres opera bajo la discriminación presente en el mercado formal y las ventajas que representa el mercado informal.

En México 6 de cada 10 trabajadores se encuentra en la informalidad, de las cuales 5 millones son mujeres. La posibilidad de emprender su propio negocio en la informalidad sin necesidad de pagar trámites gubernamentales, la falta de entrenamiento para competir por posiciones laborales en el mercado formal y evitar la discriminación del salario en los empleos formales, hace que las mujeres opten por  autoemplearse.

La discriminación hacia la mujer no solo tiene efectos en el aumento de la informalidad en el país , sino en la baja productividad del Estado mexicano. Debido al gran numero de personas en el mercado informal, el gobierno mexicano pierde capacidad de recaudación de impuestos generando pocos ingreso al erario publico.  En comparación con los demás miembros de la OCDE, México es el país que menos impuestos recauda con una tasa de 19.6% respecto al PIB, mientras que le promedio de los demás países es de 33%. Esta falta de ingresos, por ejemplo, ha hecho imposible la reforma del sistema de seguridad social en el país para garantizar servicios universales de salud y desempleo.

Desafortunadamente, el emprendimiento de las mujeres mexicanas tiene más relación con la discriminación de género en el mercado formal que en el empoderamiento de las mujeres en México. Esta discriminación orilla a las mujeres a ocuparse en el mercado informal, reproduciendo las prácticas discriminatorias en los trabajos y reduciendo los ingresos del Estado, y con esto la posibilidad de mejorar el desempeño económico del país.


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