¿Cómo veremos Ayotzinapa dentro de diez años?

Hoy se cumple un año de la desaparición de un grupo de jóvenes normalistas del Estado de Guerrero. ¿Dónde están? Hay tantas hipótesis como días transcurridos desde que los amigos y familiares perdieron contacto con los estudiantes de Ayotzinapa. Muertos, desaparecidos, calcinados, en cuarteles militares…de ahí que la incertidumbre persista para quienes se niegan a creer la inverosímil versión oficial de la justicia mexicana. Lo único cierto es que para los padres y madres de los desaparecidos hoy no hay certeza de dónde están sus hijos. ¿Quién se los llevo? ¿A dónde los llevo? y ¿Por qué se los llevó?

Definitivamente el caso Ayotizinapa tiene múltiples dimensiones, lecturas y formas de vivirlo. Un hecho dramático que a 12 meses de distancia se vuelve histórico, un acto del pasado digno de ser necesariamente contado y documentado para la memoria colectiva de una Nación. Sin afán de superarlo como lo propuso Enrique Peña Nieto en algún momento, me pregunto: ¿Cómo será recordado 10 años después el acontecimiento que movilizó un país para exigir justicia a su gobierno y reclamar que la violencia contra las personas se detuviera?. La narrativa que hemos de construir y consumir alrededor de crímenes como este y otros será determinante para forjar la memoria histórica, la que de alguna manera definirá el actuar de las siguientes generaciones durante los próximos años.

En ese sentido, la historia juega un importante papel, lo que no quiere decir que se le dé importancia a la materia histórica. Veamos un ejemplo: con motivo de la celebración de la “independencia”, parametría realizó una encuesta para saber que tanto conocen los mexicanos sobre este acontecimiento y el resultado fue que tienen poca información al respecto. Solo el 32% de los entrevistados sabían que México se independizo de España, el 51% dijo desconocer de quién y el 13% dijo que la independencia fue de EUA.  El  héroe más identificado Miguel Hidalgo apenas alcanzo el 26% de los entrevistados.

Es evidente que somos una sociedad con amnesia colectiva, no solo por el tema de la independencia sino por una serie de sucesos lamentables que han marcado al país, pero que suelen ser rápidamente aminorados. La responsabilidad de contravenir el olvido es grande. Hay que recordar que la conciencia histórica de un país es elemental para tener identidad. Sin historia no hay país, dicen algunos, o como diría George Santayana: “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.

Estamos perdiendo la memoria. La modernidad o el sistema educativo nos están haciendo perderla. El hecho es que la historia en las escuelas no está siendo funcional. Por eso más allá del desenlace de la tragedia en Ayotzinapa, como sociedad tenemos la responsabilidad de no olvidar los tiempos de violencia y barbarie que en esta época padecemos. Porque no solo desaparecieron 43 personas hace un año, en tiempos recientes han quedado ilocalizables miles de vidas igual de valiosas. Además hay que agregar que las violencias -social, mediática, económica y política- se mantienen punzantes en la actualidad. Si no interrogamos el dolor, será improductivo e inútil. Por ello es importante la memoria.

El economista Galbraith decía que la memoria social de cada timo dura unos 15 años, el tiempo de una generación que madura lo suficiente como para volver a dejarse engañar. Por otro lado, Juan Carlos Monedero apunta con precisión que “las revoluciones solo son posibles cuando han operado previamente cambios en las mentalidades”. Obtenemos tal cambio, cuando las conciencias reconocen y actúan con indignación frente a sucesos que la historia a registrado y salvaguardo en la memoria colectiva como resultado de su función social.

En resumen, no debemos olvidar, primero para pedir justicia, luego para evitar que suceda de nuevo, y por último, para reflexionar sobre la senda que habremos de trazar para transitar en libertad en los próximos años. Por ahora, lo que queda es seguir buscando a los jóvenes y a las miles de personas que aguardan para ser nombradas.

La memoria intenta preservar el pasado sólo para que le sea útil al presente y a los tiempos venideros. Procuremos que la memoria colectiva sirva para la liberación de los hombres y no para su sometimiento”

Jacques Le Goff

@JuanDávilaTovar

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